Fiel a principios y no a las personas

JAIRO3

Autor: Jairo Alarcón Rodas

La persona que muerde la mano que le da de comer, casi siempre lame la bota que lo patea.

Eric Hoffer

A todos aquellos para los que la lealtad es obediencia y la fidelidad es un deber.

Ser fiel, es un valor humano que corresponde a los valores espirituales, que se surgen de la propia naturaleza humana, que se forjan y establecen en sociedad. Es dentro de la convivencia con otros, que las personas crean nexos que les permiten convivir armonía, con la finalidad de alcanzar el bienestar común. Es en sociedad, como surgen los sentimientos, que se afinan o pervierten en el ser cuya racionalidad lo hace diferente al resto de seres vivientes y lo hace tener un complejo proceder.

Pero, ¿cómo es que se crea los vínculos filiales o contractuales, del que la confianza forma parte esencial? Es a partir de la afinidad o del interés que surgen tales nexos. En sociedad, dada la estratificación social establecida a partir de la acumulación de riqueza, que se reflejan en las condiciones materiales de vida y las consecuentes relaciones de poder, se da una distinción entre el que lo ejerce y el que se somete.

Así, los que tienen más riqueza y bienes, adquieren más privilegios y poder, estableciéndose de igual forma, la relación de dependencia entre el amo y el esclavo, el siervo y el señor feudal, el burgués y el proletariado. En la esfera laboral, la relación se establece entre el jefe y el subordinado, según el orden jerárquico. No obstante, dentro de esas relaciones laborales, se pueden establecer relaciones de sumisión y entreguismo, entre el dominador y el dominado.

Consecuentemente, dentro de las relaciones materiales de convivencia, también surgen otras de afinidad, que responden a inclinaciones, apetencias y gustos compartidos, como lo son las afectivas; y, por otra parte, las que se originan, producto del liderazgo y el prestigio de determinados personajes.

Pero, también existe otro tipo de lealtad, como lo es, el ser fiel a una causa, a un ideal. En ese caso, significa identificarse plenamente con los valores que los sustentan, ya sea, tras un ejercicio racional, o por seducción emotiva, la que puede conducir a los excesos y a los errores. De ahí que la lealtad, trae consigo una ineludible responsabilidad, lo que amerita una previa reflexión. Umberto, en el nombre de la rosa con la lucidez que lo caracteriza dice: Huye, Adso, de los profetas y de los que están dispuestos a morir por la verdad, porque suelen provocar también la muerte de muchos otros, a menudo antes que la propia, y a veces en lugar de la propia.

Qué sucede cuando se es fiel a un caudillo, a un líder, a un jefe, ahí se puede correr el riesgo de caer en el culto a la personalidad, peor que eso en ser esclavizados. Puede ser que alguien se identifique con una persona a partir de los ideales que pretenda lograr o, simplemente, la personalidad del caudillo, sea tal, que solo su presencia o su palabra, inspire la confianza y la sumisión suficiente para ser seguido ciegamente.

El fanatizarse por algo o por alguien, puede hacer creer que, seguir ciegamente, es lo que corresponde. En este caso, el fanatismo, les corresponde a las mentes débiles, dóciles, que requieren ser guías incondicionalmente por otros, antes de tomarse el tiempo de reflexionar y actuar por sí mismos, ya que no existe en estos la voluntad de hacerlo ni el juicio crítico que cuestione la relación de dependencia.

Cómo fue que los seguidores de Charles Manson, cumplieron sus órdenes a cabalidad, sin poner ninguna objeción. Fieles a los perversos planes del siniestro personaje, cometieron una serie de crímenes, que ponen en duda la racionalidad, la inteligencia de esas personas, que pueden dar lugar a reflexiones filosóficas, psicológicas, sociológicas, sobre tal comportamiento humano y, desde luego, sobre el tema de la obediencia.

Para que pueda surgir una relación de dependencia, debe existir una persona que ostente el poder, ya sea a través de una jerarquía establecida o bien, que se imponga por medio del terror y el miedo. También sucede cuando una persona tiene carisma, que inspira confianza y abnegación. Sin embargo, eso sucede, cuando existen, personas sumisas, acríticas, para las que la obediencia es lo que procede ante determinadas situaciones y el cuestionamiento de las órdenes, no tiene cabida.

El tema de la obediencia, recuerda los experimentos de Stanley Milgram, en los que demostró que tan disciplinado y sumisa, puede ser una persona, al cumplir determinadas órdenes, a pesar de que en un principio se mostraron renuentes de hacerlo, ante las presiones ejercidas en su medio y la influencia que puede ejercer una autoridad.

Es el caso del torturador que, cumpliendo una orden, se solaza martirizando al condenado, o el de los soldados que, durante la guerra, cometen todo tipo de excesos, asesinando, violaciones, mutilaciones a niños, mujeres, ancianos, con la excusa de cumplir las órdenes de su jefe. Hanna Arendt, en El origen del totalitarismo y en Eichmann en Jerusalén, ilustra lo acontecido en los juicos de Nuremberg en contra de criminales de guerra nazis, en los que esos oficiales, pretendían ser absueltos, evadir su responsabilidad y culpabilidad, ya que durante los crímenes de lesa humanidad que cometieron, solo estaba cumpliendo las órdenes de sus superiores.

Al parecer, la conducta humana se mueve más por impulsos emotivos que, por criterios de razón, o al menos así se les ha formado, con la finalidad de que otros dirijan sus vidas, de que sean instrumentos del sistema. En ello, tiene que ver la circunstancia en la que se encuentran, la permeabilidad ideológica que tengan, la ignorancia que posean y la falta de voluntad.

De ahí que ¿qué tanta autonomía y poder de decisión, tiene una persona, sometida a cánones culturales, a las presiones sociales, seducción ideológica o a una autoridad? Son pocos los que pueden escapar a tales influencias y todo se debe a la falta de criterio, el cual no ha sido formado en estos ya que se les educa para obedecer.

Muchos se sienten obligados a ser fieles a determinados personajes, a pesar de saber que a los que le rinden lealtad, son individuos perversos, siniestros, sin ningún escrúpulo y lo hacen, ya sea por falta de carácter, por carecer de dignidad o bien, por motivo de algún interés particular. Es por por lo que los siguen, les rinden lealtad, fidelidad al que considerar que sus lideres, son triunfadores, ostentan poder. En todos los casos, existe responsabilidad de quienes confunden lealtad con obediencia y fidelidad con el deber y abnegación.

Nietzsche aborrecía, despreciaba la moral de borregos, aquella en la que se rinde abnegación, sumisión y fidelidad, la que postula el cristianismo. Por eso, el súper hombre, según él, es aquel que se yergue sobre esos prejuicios morales y adquiere autonomía en sus actos, una moral más allá del bien y del mal.

La lealtad, como la fidelidad, es un acto voluntario y no una condición necesaria, no es una imposición, consecuentemente y, con mayor razón, no debería serlo, con aquellos individuos que, con ínfulas mesiánicas, consideran que tienen el derecho de someter arbitrariamente a todos aquellos que se encuentren dentro de su influencia de poder y emitir órdenes, que deben ser cumplidas, sin ningún reparo. Ser leales, no debería serlo, con aquellos que han demostrado, con sus actos, que no les importa más que sus intereses y que son indiferentes al padecimiento de los otros y al bienestar común.

No se debe ser leal a las personas, sí a los principios que estas ostenten, pero aquellos, que sean constructivos. En las relaciones sentimentales, los convivientes, al crear un vínculo afectivo, se espera que ambos sean leales, fieles, lo cual no significa que lo sean absolutamente pues, si uno de los dos pervierte la relación, ha incumplido los principios que dieron vida a esos valores, el otro, no está obligado a guardarle lealtad,  lo que no significa que se actúe de la misma forma.

Por qué entonces se habla de traición, cuando una persona delata a un criminal, en ese caso se está mal entendiendo la lealtad con complicidad. Por lo que la traición dentro de la mafia, los grupos del crimen organizado, no debería de ser catalogado como tal, no se puede admitir moral alguna, dentro de organizaciones que están fuera de la moral y de los principios éticos que deberían regir la conducta social de los seres humanos.

Ser leal a los principios y no a las personas, debería ser el ideal de aquellos que ven en las relaciones humanas, un valor fundamental para el crecimiento individual y social de la especie. Valores que se establecen a través de vínculos filiales, en donde el intercambio de nobles sentimientos, como la solidaridad, la fraternidad, el amor son indiscutibles.

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