Las crisis europeas

Zurdo

Miguel Angel Sandoval

Se hace en plural pues en los últimos tiempos, Europa no es más lo que era, o mejor, recupera gradualmente su naturaleza, su ser plural, con mucho de sentido social, con los derechos cívico políticos y humanos, en plena efervescencia. No es algo totalmente extendido, pero países de importancia central están en procesos sociales y políticos que van en contra de la visión guerrerista de sus elites. Por supuesto que, de acuerdo a las diferentes manifestaciones, pero de forma clara, en contra de las élites gobernantes.

Dicho de otro modo, hay una revuelta social que crece gradualmente contra las expresiones más odiadas del neoliberalismo y la dependencia de los EEUU. En Francia, para señalar una de las expresiones de la crisis que se analiza, los estudiantes, unas 600 escuelas liceanas (secundarias) están en paros y amplias protestas. Aparentemente, debido a que el gobierno de Macron optó por recortar el gasto de la educación para dirigir esos recursos al gasto militar. De forma escandalosa hay que decir, que al tiempo que se publican fotos sobre la movilización de liceanos, se publican fotos sobre pruebas de misiles lanzados desde submarinos. La muestra más clara de las opciones.

En España la crisis tiene otras expresiones. Si bien hay una postura ante el gasto militar distinta a la de Francia, lo más relevante son los temas sociales: uno es el de la vivienda. El desalojo de una octogenaria dio paso a una revuelta nacional sobre el elevado costo de la vivienda lo cual obligó a las autoridades de gobierno y legislativas de dar un giro en dirección a la gente antes que a las inmobiliarias. A ello se suma una crisis migratoria inédita por la invasión de Ceuta en el norte de África en una operación que pone al centro del debate la presencia de migrantes en ese enclave español. La suma de estas crisis más temas propios del estado español, llevaron al presidente Sánchez, convertido en enemigo de Trump, a convocar a elecciones anticipadas.

Mientras en Alemania hay un proceso en donde la crisis política se expresa con los resultados electorales recientes. En partes del país hay victorias de las expresiones neofascistas, mientras que en Berlín hay un sorpresivo triunfo electoral de la izquierda radical, que incluso deja al histórico partido socialdemócrata con muy malos resultados en Berlín, el centro político más emblemático de Alemania.  Pocos días después fue la historia de los socialdemócratas suecos, luego de años de predominio de las derechas.

En el trasfondo de todo ello hay el fantasma de la guerra, que de diversas maneras se manifiesta. Sean recortes al gasto público, dependencia mayor de EEUU, o formas de protesta social por la especulación de la vivienda como en el caso español. Pero existe algo que puede ser más relevante. Es el rechazo de muchos jóvenes alemanes y seguro de otros países, a enlistarse en el ejército para una eventual guerra de Europa contra Rusia, que es lo que, de hecho, está construyendo la campaña antirrusa en el continente europeo.

Y esto no es algo menor. La objeción de conciencia es un recurso democrático a la idea guerrerista de imponer la conscripción militar para guerras que no tienen mayor sentido, salvo los compromisos de la élite para cumplir con deseos de las grandes corporaciones o de plano, del imperio gringo, que con todo y estar conociendo formas de decadencia, constituye aún, la mayor potencia militar del mundo con recursos económicos extraordinarios para dedicar a la guerra, con sentido o sin él.

Pensando un poco en los resultados de las elecciones en Berlín, hay algo que puede ser de utilidad. Si retrocedemos un siglo y nos ubicamos en la guerra de l914-18, lo que se puede evocar es la postura de los revolucionarios rusos que acusaron a la Segunda internacional de posiciones chauvinistas al defender de forma abierta o velada las guerras emprendidas por sus países Es lo que quedó escrito en el texto de V.I. Lenin, La Bancarrota de la Segunda Internacional. Más allá de esta evocación histórica, es importante recordar que luego de la guerra hubo la revolución de 1917.

Esto es lo que un historiador inglés señala y caracteriza como el pequeño siglo XX, que iniciaría con la revolución rusa y terminaría con el fin de la Unión Soviética. Pero para ello mucha agua paso bajo los puentes, entre otros fenómenos, el nazi-fascismo, que no está muy lejos de las actuales expresiones del neofascismo que conocemos a nivel mundial. Y es por las semejanzas entre uno y otro periodo que se hace esta referencia histórica.

Lo más curioso de todo es que entre las élites europeas existe casi desde siempre una idea equivocada de Rusia. Antes era la idea de un barbaro, más adelante fue el rechazo al comunismo ruso y las influencias que pudiera desarrollar en Europa. Ahora es el miedo-pánico a la alianza ruso-China con el sur global y ello no les deja conciliar el sueño. Por ello las torpezas se multiplican. Solo pensar que, con el inicio de la guerra en Ucrania, fueron prohibidas expresiones de ballet ruso, escritores rusos como Dostoievski, Chejov, otros….

Lo que, sí es posible afirmar, es que las sociedades de un número significativo de países europeos, hoy no quieren las guerras, que solo las élites comprometidas con Washington intentan impulsar, aún a costas del bienestar de sus gobernados, lo cual diferencias aparte, nos coloca en escenarios semejantes y profundamente indeseados, a los de las dos guerras mundiales que asolaron Europa. 

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