Noticias del frente ucraniano

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por Thierry Meyssan

Estados Unidos y Rusia quieren concluir la paz lo más rápidamente posible en Ucrania. Pero el problema no está donde parece: los straussianos (o sea, los discípulos de Leo Strauss), que se habían infiltrado en las administraciones Obama y Biden, gozan ahora del apoyo de los europeos. Y fueron ellos quienes desataron este conflicto inútil.

La guerra israelí contra los árabes sigue su curso en Palestina, Líbano, Siria, Irak y Yemen. La guerra estadounidense no tiene para cuándo acabar en Ucrania y en Irán. Por su parte, el presidente Donald Trump trata de sacar su país del lodazal eslavo iniciado por su predecesor, Joe Biden, y del que él mismo ha originado con los persas. Y también está la guerra que Japón prepara contra los pueblos del Extremo Oriente.

Pero las guerras son monstruos fáciles de desatar y muy difíciles de detener. El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a Moscú para lanzar un ultimátum al presidente Vladimir Putin –eso es lo que dice la prensa. Pero parece que, al contrario, hizo el viaje para conversar con sus homólogos rusos sobre la evolución de los conflictos más arriba mencionados y buscar la mejor manera de ponerles fin antes de que se extiendan por el mundo.

Parece haber terminado el tiempo en que los straussianos [1] viajaban a Rusia para amenazarla y obligarla a retroceder. Su última ofensiva fue cuando Victoria Nuland, subsecretaria de Estado de Antony Blinken, llegó vociferando al ministerio de Exteriores ruso, del 11 al 13 de noviembre de 2021. El resultado fue que los diplomáticos rusos enviaron a Washington un proyecto de tratado de paz, el 17 de diciembre del mismo año. Y, al no recibir respuesta de Estados Unidos, Rusia reconoció las dos repúblicas del Donbass (las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk) e intervino militarmente en Ucrania para hacer respetar la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU, el 24 de febrero de 2022.

Aquellos guerreristas straussianos quedaron fuera de la administración después de la elección del presidente Trump… pero la paz todavía brilla por su ausencia. La propaganda atlantista sigue repitiendo que la operación militar especial rusa en Ucrania es una «guerra de agresión no provocada e injustificada de Rusia contra Ucrania que viola gravemente el derecho internacional y los principios de la Carta de las Naciones Unidas». Ese largo eslogan se repite en cada reunión internacional, así como en los despachos de las agencias de prensa y está constantemente en boca de todos los occidentales.

Pero eso es simple y completamente falso. El compromiso que Alemania, Francia y Rusia habían contraído en cuanto a hacer respetar los Acuerdos de Minsk está incluido como anexo en la resolución 2202 del Consejo de Seguridad de la ONU. Decir que al intervenir en Ucrania «Rusia viola el derecho internacional» debería llevar los franceses que afirman eso a admitir que Francia “invadió” Ruanda cuando intervino allí para poner fin al genocidio con el aval del Consejo de Seguridad –todos los observadores están conscientes de que Francia nunca quiso “anexar” Ruanda sino sólo salvar a la población… aunque los servicios secretos franceses aprovecharon aquella operación para sacar del país a los autores del genocidio.

El hecho es que los ucranianos están viviendo bajo un régimen no democrático, en el que un usurpador detenta el poder –a la luz de la Constitución ucraniana, Volodimir Zelenski dejó de ser presidente en mayo de 2024 y el presidente del parlamento, Rouslan Stefantchouk, tendría que haber asumido la jefatura interina del Estado.

Viven además sumidos en una propaganda cotidiana que les impone la visión del mundo de Dimitro Dontsov (1883-1973) y su división racial, enunciada por Yurii Lypa (1900-1944). La opinión dominante hoy en Ucrania es que los “verdaderos ucranianos” no son eslavos sino vikingos, que su objetivo inmemorial es acabar con el Mal, representado por los “moscovitas”, a los que han de vencer en la batalla final, la del Fin de los tiempos.

Los libros de Dontsov y de Lypa (Nacionalismo, Solidarismo de raza, La doctrina del mar Negro) son actualmente los más vendidos en Ucrania y de lectura obligatoria para los soldados ucranianos –como lo fue Mein Kampf para sus abuelos. La impresión de esa propaganda se financia con fondos de la Unión Europea, aunque algunos de esos libros ni siquiera se han traducido a los demás idiomas de Europa.

El abrumador despliegue de propaganda hace que nadie se atreva a cuestionar al grupo portador de esa ideología, sobre todo en un periodo en que el régimen confisca y destruye millones de libros por considerarlos portadores del “Mal” (sic). A pesar de todo, la juventud ha salido a las calles en respaldo a su ídolo, el ex ministro de la Transformación Numérica y hasta hace poco ministro de Defensa, Myjailo Fedorov, el único que se ha atrevido a cuestionar públicamente el régimen. Las manifestaciones de apoyo a Fedorov han sido las más importantes registradas en Ucrania desde el golpe de Estado de 2014, que derrocó al presidente democráticamente electo Viktor Yanukovitch.

Después de publicar un video de 9 minutos [2] llamando a la organización de elecciones, y de recibir como respuesta una cortés negativa del usurpador Zelenski, Mijailov Fedorov, quien antes denostaba contra los “tránsfugas”, se fue a Italia y se ha convertido en consejero del ministro italiano de Defensa [3].

El presidente Trump, que ha retomado el diálogo con sus interlocutores rusos, ha enviado ahora sus emisarios preferidos –su amigo y socio de negocios Steve Witkoff, y su yerno Jared Kushner– a entrevistarse de nuevo con el presidente ruso Vladimir Putin. La prensa estadounidense, siempre del lado de los straussianos –que desde unos años se han pasado al Partido Demócrata, después de haber cambiado 6 veces de partido político–, asegura que las conversaciones con el presidente Putin fueron corteses pero glaciales. En realidad, no lo sabemos. Pero podemos observar que los dos missi dominici corrieron de inmediato a Kiev para tantear la temperatura del otro lado.

El usurpador Zelenski, por su parte, repite a la prensa que tratará de lograr que Estados Unidos suministre armas. Pero, no sólo el presidente Trump no quiere hacerlo sino que lo que quiere es que los europeos paguen por el armamento que su predecesor, Joe Biden, graciosamente entregó a Ucrania. Trump considera que aquel armamento fue un regalo a nombre de la Unión Europea y que es esta última quien debe pagarlo, no los contribuyentes estadounidenses.

Los europeos, que ya se han quedado sin dinero, no pueden pagar esas sumas colosales y argumentarán que nadie obligó a Joe Biden a ser tan generoso. Para Donald Trump es evidente que Biden era un presidente ilegítimo que puso su poder al servicio de los neoconservadores europeos en vez de servir a sus propios conciudadanos. De hecho ya está comprobado que en la elección presidencial estadounidense de 2020 votaron 2 millones de extranjeros (hay que saber que en Estados Unidos no se exige presentar documentos de identidad en los centros de votación). Trump no necesita hablar de una elección “robada” ya que se ha demostrado que el fraude no fue a nivel de los centros de votación sino en las listas de electores.

En Estados Unidos, la reforma sobre las listas de electores ha degenerado en una enorme batalla. A la clase dirigente no le importaba ese asunto mientras ella misma tenía la garantía de que, en virtud de la Constitución, el voto de los ciudadanos tenía un simple carácter de consulta. Desde la fundación de Estados Unidos, quienes realmente eligen al presidente son los miembros de un gran colegio electoral que se compone de sólo algunos cientos de personas designadas, no por los ciudadanos sino por los gobernadores de los diferentes Estados [4]. Una reforma de las listas electorales obligaría a centralizarlas y el proceso electoral se convertiría en una elección por sufragio directo.

En cuanto a Ucrania, los missi dominici tendrán que asegurarse en Kiev de que la administración presidencial de Zelenski no esté planeando usar la fuerza contra una posible oposición política. En las redes sociales ucranianas pueden verse en este momento reacciones muy negativas frente al apoyo que el Gran Rabino Jonathan Markowicz aporta a la ex viceministro de Justicia, la señora Iryna Mudra. Esta dama, convertida en la segunda responsable más importante de la administración presidencial, fue arrestada como implicada en el caso de corrupción denominado “Forrest Gump” (relacionado con el conocido caso “Midas”) [5]. Después de la renuncia del anterior jefe de la oficina presidencial, Andreii Yermak, y de la huida del socio de Zelensky, Timur Minditch, implicados ambos en el caso de corrupción Midas, muchos ucranianos se han dado cuenta de que numerosas malversaciones se centran en la secta creada por el rabino Menachem Mendel Schneerson (1902-1994), personaje que sus discípulos presentan como “el mesías”. La cólera es tan grande que ciertas organizaciones afirman que es posible que lleguen a producirse pogromos.

El dúo estadounidense Witkoff/Kushner tratará de mitigar la histeria local, pero es evidente que la población ucraniana ya está muy cansada de todo lo que está teniendo que soportar. Además, después de 3 años de tan alto grado de corrupción, ¿van los estadounidenses a poner orden en el caos que ellos mismos crearon?

Thierry Meyssan

Fuente Red Voltaire

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