Luego del Día del Maestro: Cómo debería ser la formación docente en Guatemala

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Fernando Cajas

La idea de que “cualquiera puede dar clase” sigue profundamente arraigada en Guatemala y constituye uno de los mayores obstáculos para elevar la calidad educativa. Los trabajos de Claudia Lara, Ricardo Cantoral, David Labaree, Lee Shulman y Deborah Ball lo dejan claro: la enseñanza no es una tarea simple de transmisión de conocimientos, sino una profesión compleja que exige conocimiento especializado que fusiona el dominio profundo de la materia con las estrategias didácticas necesarias para que los estudiantes realmente aprendan.

Estas concepciones del conocimiento del profesor se basan, en una concepción social de cambio hacia una mejor sociedad, más justa, más igualitaria y con mejores condiciones de vida para todos. No hay didáctica desconectada de la justicia social. No se trata del aprendizaje perse de la matemática o de la ciencia, sino el por qué, para qué y su relación con la justicia social.

Es ese conocimiento especializado de la enseñanza, al que Cantoral ha llamado Discurso Matemático Escolar y que Shulman y Ball han llamado Conocimiento Pedagógico del Contenido, PCK por sus siglas en inglés (Pedagogical Conten Knowledge), el centro de la formación docente pertinente y basada en la ciencia moderna.  Es un tipo de conocimiento asociado a prácticas reflexivas como lo ha documentado Donal Shön y como lo he aclarado en otros artículos aquí en Público GT.

Después del Día del Maestro, más que discursos y actos protocolarios, Guatemala necesita una reforma profunda y sostenida de la formación docente. No es suficiente criticar lo que está mal. Hay que construir un modelo que responda a nuestras realidades y convierta la docencia en una verdadera profesión de alto nivel.

La formación inicial de maestros debe ser universitaria de excelencia, con un fuerte componente práctico desde el primer día. Debe combinar teoría rigurosa, práctica reflexiva y acompañamiento permanente en el aula. Hay que mirar modelos exitosos de otros países, ver sus fortalezas y sus debilidades.

En Alemania, los futuros docentes alternan desde el inicio entre la universidad y las escuelas reales bajo la tutoría de maestros mentores experimentados. Este modelo dual ha contribuido a construir uno de los sistemas educativos más sólidos del mundo. En Guatemala podemos adoptarlo mediante alianzas entre las Escuelas Normales rehabilitadas y unidades como la EFPEM-USAC, garantizando que los estudiantes dediquen al menos el 50% del tiempo a práctica supervisada.

Deborah Ball y su equipo identificaron las “prácticas clave” de la enseñanza: interpretar el pensamiento de los estudiantes, liderar discusiones productivas y responder en el momento a concepciones erróneas. Debemos incorporarlas urgentemente, sobre todo en matemáticas, lectura y ciencias, respetando los contextos culturales, lingüísticos y socioeconómicos de nuestro pueblo.

En este punto es fundamental incorporar los aportes de Ricardo Cantoral, investigador del IPN y Cinvestav de México. Cantoral enfatiza que la formación de profesores de matemáticas debe ir más allá de la mera didáctica instrumental: debe centrarse en el pensamiento matemático avanzado, la resolución de problemas auténticos y la comprensión de la matemática como una actividad humana, social e histórica. Para Cantoral, el profesor de matemáticas debe ser capaz de generar situaciones didácticas que permitan a los estudiantes construir conocimiento significativo, no solo reproducir procedimientos. Su visión coincide con la Nueva Escuela Mexicana, que promueve una educación integral, inclusiva, intercultural, crítica y profundamente comunitaria, orientada a la transformación social y a la formación de ciudadanos conscientes.

En este campo, los trabajos de la guatemalteca Claudia María Lara son fundamentales. Sus investigaciones sobre la formación docente en matemáticas en Guatemala han visibilizado las deficiencias en la preparación de profesores, especialmente en el desarrollo del pensamiento matemático, la resolución de problemas y la didáctica específica de la disciplina. Lara ha insistido en la necesidad de superar la enseñanza memorística y mecánica para avanzar hacia una formación que prepare a los docentes para fomentar el razonamiento matemático crítico en los estudiantes, adaptado a la realidad multicultural y multilingüe del país.

Guatemala debería integrar estas perspectivas en su Plan Nacional: formar docentes que no solo enseñen matemáticas, sino que desarrollen pensamiento matemático crítico en sus estudiantes, vinculando el conocimiento con los problemas reales del país (agua, territorio, producción, justicia social).

La reforma de 2012 intentó llevar la formación docente al nivel superior, pero produjo efectos indeseados: menos jóvenes optando por la carrera y una formación desconectada de las necesidades reales del aula. Hoy las Normales siguen en la incertidumbre y las “universidades patito” proliferan, incapaces de formar ni siquiera a sus propios profesores.

Es momento de definir un Plan Nacional de Formación Docente con visión de largo plazo (10-15 años), financiamiento sostenido y participación real de todos los actores. Un plan que contemple la rehabilitación de las Normales, alianzas estratégicas con la USAC, currículos centrados en PCK, inclusión e interculturalidad, evaluación rigurosa y mejores condiciones laborales para los maestros.

Pero no nos engañemos: sin buenas universidades no puede haber buena formación docente. La Universidad de San Carlos debe ser rescatada de las manos de ineptos, ladrones y corruptos que la han usurpado. La ministra de Educación no puede seguir callada ante esta captura. El presidente Bernardo Arévalo debe dejar de tartamudear y posicionarse con claridad: la USAC es clave para la educación del país.

Los verdaderos responsables de la educación nacional —no solo de las escuelitas, sino del sistema completo, incluyendo las universidades patito— siguen actuando con timidez. Mientras no recuperemos la autonomía universitaria, cualquier esfuerzo por mejorar la formación docente estará condenado al fracaso.

Guatemaltecos, el reto es enorme. Formemos universidades verdaderas para generar verdaderos programas de formación docente. Hagámoslo ahora, porque si no es ahora, no será nunca.

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