Un proceso de globalización con características chinas

Enrique Dussel Peters*

I

niciamos en la colaboración anterior (https://bit.ly/3KZupeV) con un concepto crucial para comprender a la socioeconomía china actual: la significativa relevancia del sector público en China, con elementos de competencia y de coordinación a largo plazo. Un segundo aspecto nos parece medular en aras de permitir en las siguientes contribuciones con análisis puntuales múltiples sobre China y sus implicaciones en América Latina y el Caribe (ALC), y en México: la propuesta de un proceso de globalización con características chinas.

Incluso antes del término de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, con Europa y Japón, logró imponer un nuevo orden socioeconómico internacional: el American way of life, impulsado por un grupo de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros. La liberalización comercial y de los flujos de capitales se convirtieron en el núcleo de la propuesta hegemónica estadunidense, considerando que Estados Unidos era el país más competitivo y con el poder económico de financiar los procesos globales requeridos, tanto militares como institucionales. Desde hace varias décadas autores como Joseph E. Stiglitz y Dani Rodrik han examinado a detalle que, entre otros resultados, esta globalización generó una dramática polarización que beneficio a 10 por ciento o incluso al uno por ciento global, además de sus efectos significativos en el medio ambiente

Es en este contexto que la propuesta china es significativa. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) a partir de 2013 se convierte en la propuesta paraguas que abarca cientos de otras políticas e instrumentos (por ejemplo la Ruta de la Seda marítima, educativa, digital, etcétera) en su cooperación global y conforma una alternativa al proyecto de globalización liderado por EU. ¿En qué consiste la propuesta china?

La BRI incluye desde sus inicios múltiples ámbitos de cooperación global con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población mediante la interconectividad y proyectos de infraestructura. Desde una perspectiva china, los proyectos de infraestructura –docenas de miles de proyectos de infraestructura en hospitales, escuelas, carreteras, telecomunicaciones, Metros, puertos, redes inalámbricas y aeropuertos, entre muchos otros ámbitos– se constituyeron en un elemento crucial para comprender el espectacular proceso de desarrollo de China en general y específicamente, por ejemplo, en la erradicación de la pobreza absoluta de casi 800 millones de habitantes, según estimaciones recientes del Banco Mundial. Con la BRI y varias recientes iniciativas globales (particularmente sobre desarrollo y civilización) China cuestiona explícitamente el proyecto hegemónico actual y busca, entre otras cosas, mejorar la calidad de vida de entre 99 y 90 por ciento de la población que no ha sido beneficiada en las últimas décadas.

La propuesta alternativa de globalización de China, puesta en marcha mediante docenas de nuevas instituciones como el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura y el Foro Celac-China, permite comprender la competencia sistémica entre EU y China, aquí en el ámbito de dos proyectos de globalización. Abordaremos en siguientes colaboraciones la respuesta de Washington a esta afrenta. No sólo cuestiona la imperante omnipresencia del mercado en procesos socioeconómicos, sino que también los límites de una visión simplista de la democracia (parlamentaría o presidencial) cómo única forma de organización política.

Las implicaciones de la propuesta china de globalización son múltiples. Por un lado, exige que el sector público, organismos empresariales y academia, entre otros, se dediquen seriamente a la comprensión de la China actual desde múltiples perspectivas; esto no ha sucedido en ALC y en México. Por otro lado, implica tener claridad sobre la competencia sistémica de la que estamos siendo testigos en la actualidad y la durísima confrontación EU-China en todos los ámbitos imaginables; países como México deberán tomar decisiones continuamente, ojalá y con diagnósticos y argumentos. Por último, la propuesta china de globalización destaca la importancia de los proyectos de infraestructura, que no necesariamente son excluyentes con la liberalización de mercancías y capitales, pero que exigen medidas fiscales, políticas y ambientales significativas. Incluso en países como México, donde se han privilegiado proyectos de infraestructura durante el actual sexenio, no se ha reflexionado suficientemente sobre sus implicaciones conceptuales, de política económica y de desarrollo local, regional y nacional. La experiencia china puede resultar valiosa, no para copiar y pegar, pero sí para considerarla a profundidad. ¿Será?

Profesor del Posgrado en Economía y coordinador del Centro de Estudios China-México de la UNAM

http://dusselpeters.com

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