Volver al futuro

Me parecía vivir en un sueño, de esos que te cuentan tus amigas y piensas que nunca se hará realidad para tu vida. En mi casa, en mi cuarto, estaba el chico más guapo del colegio y en ese momento a mi me parecía el hombre más atractivo del universo mundial.

Mi casa estaba llena de laberintos y recovecos que solo caben en la mente de mi padre, el arquitecto de la familia quién diseño la casa para que nos perdiéramos siempre en aquel laberintos de espacios y luces llenas de armonía y gusto refinado, era el lugar perfecto para soñar y vivir aquellos sueños románticos sexuales que uno tiene cuando comienza a despertar en los deseos de la vida. Esos que me hicieron despertar la sexualidad a pleno.

En aquella ocasión él me pidió que fuera su novia. Yo quería perder la virginidad de una vez y para siempre, y qué mejor que con él, el tipo más deseado del colegio, el que todas las de mi clases hablaba y deseaba,  pero solo nos quedamos en besos románticos que nunca se concretaron a más. Yo también era tímida en ese momento, recatada por el qué diran y esperando un romance largo y bonito, pensé que el destino nos daría otra oportunidad, pero no fue así.

Me acuerdo de aquella escena cuatro años después, justo cuando llevo a otro chavo a mi cuarto y dejó lo romántico para devorarme sus ganas por el puro placer de entender mi desarrollo emocional y sexual. Afortundamente deje atrás esas timideces, afortunadamente el chico no es Bratt Pitt ni mucho menos, pero tiene un apetito sexual mil veces más desarrollado que cualquiera de mis compañeritos. Por fortuna, ya no soy virgen.

Ese arlequín que ahora poseía, no lo puedo dejar ir con esos besos tiernos que antes me dieron en el mismo lugar. Ahora las cosas serán distintas o no serán.

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