Verguenza

Estaba cerrando el tercer semestre cuando lo conocí. Era un profesor nuevo, muy guapo, demasiado carismático y muy bueno para explicar. Después de dos semanas, no había razón alguna para que no le dijera que me traía loca.

Era diciembre y empezaba el frio. Pero yo llegaba a clases en mini falda. Usaba de todos los colores posibles, además de ropa ceñida, para hacerme notar.

En fin, cuando por fin se terminó el curso se fijo en mi. Me invitó a salir, me llevo a comer, y cuando por fin me dio el primer beso, ya el encanto se me había pasado. Me sentí avergonzada y se lo dije.

Pero en realidad, me daba vergüenza y rabia. Cómo pude ser tan estúpida, dije antes de pedir que dejará de acosarme.

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