Vacaciones en el Caribe

playas_de_cancun_011Mi vida sexual era placentera. Mi esposo es un estupendo amante, con ocho años viviendo juntos lo puedo certificar. Así que, en ese sentido no tengo ninguna queja, ni mucho menos reclamos sobre la relación que tengo.

El problema se dio cuando por motivos laborales comenzamos a viajar. Hace tres años lo enviaron a supervisar obras de ingeniería a toda Centroamérica, eso provoco muchas ausencias en casa. Por otro lado, conseguí un trabajo en Naciones Unidas que implicaba viajar bastante. Todo hizo de nuestras vidas una relación de momentos.

A principios de año asistí a un curso en el Caribe, y luego tomé dos semanas de vacaciones. Mi marido, quién iban a estar en las mismas fechas en esos lugares, no pudo viajar. Eso me provoco mucha soledad y ansiedad. Un mes fuera de casa, sola en un lugar con playas y mucha diversión.

Una tarde sentada en la piscina, tomando el sol de la tarde y tomando mojitos me encapriche. Qué diablos, no puedo estar aquí más tiempo sola. Es bueno conocer gente, quizás hasta tener una aventura pensé. Aún cuando nunca se me ocurrió la infidelidad, quería salir y entender el mundo sin su compañía.

Por la noche baje al bar del hotel y conocí a un chico que trabajaba ahí. Fue amable todo el tiempo y se ofreció por una propia a mostrarme los lugares turísticos de la isla. Al otro día, me llevó a varios sitios y así, durante la primera semana. Esas salidas sirvieron para que le tomara confianza.

El segundo fin de semana que pasaba en la isla, me recomendó varios lugares para comer y bailar. Insistió que debía conocerlos, no solo por ser lugares de moda, sino por qué bailar me iba a caer bien. Tanto insistió que termine diciendo que iba ir, solo si él me acompañaba. A partir de eso todo sucedió tan rápido.

Era un tipo joven y apuesto, nunca se me ocurrió que tenía novia. Pero igual salí con él a bailar. Regresamos ya noche, iba algo bebido y me llevo hasta la habitación. Al final tuve sexo con él. Paso, porque así lo desee. Y ese no fue el problema principal.

El asunto fue que ahí descubrí que era multiorgásmica.

El muchacho tenía algo especial. Nunca antes había sentido lo que me provocaba.
Esa noche, después de haber sentido su cuerpo cuando bailaba, se me había subido la adrenalina y los deseos se me habían disparado. Así que en forma descarada, al no más entrar al cuarto lo había seducido tontamente. En mi defensa debo decir que nunca opuso resistencia.

Al ver su cuerpo desnudo a mi lado, supe que sería una noche diferente. Intuía que algo inusual iba a pasar y así fue.

Pero yo pensé que el asunto iba más por el licor. Que eso me había provocado inhibiciones que buena y sana no las tendría.

Pero las siguientes tardes y noches fueron un torbellino de emociones desbordadas.

Era entrar su miembro a mi vagina y comenzaba a tener orgasmos prolongados. En una noche logre ocho, le dije que tenía que parar por qué estaba agotada.
Los últimos días de estancia en ese hotel, literalmente las pase acostaba, teniendo orgasmos.

Me volvía loca y terminaba exhausta, súper satisfecha, pero acabada.

Me acuerdo que en una oportunidad, me puso en la postura del misionero. Y no hubo juego previo, quizás un beso tierno, nada pasional, pero cuando puso su pene en mi vagina, con la misma me dio unos golpes por fuera y luego busco donde empujar, sentí una extraña sensación de placer que motivo el primer orgasmo. Cada punzada me provocaba otros orgasmos prolongados, y eran tantas las sensaciones que me comencé a orinar. Orinaba a cantaros y gritaba, mientras el empujaba suave y con ritmo su falo en mi vagina.

Su miembro era normal, ni grande ni pequeño. Pero encajaba exactamente en mi cuerpo, era del tamaño exacto para cubrir cada hueco que mi cuerpo dejaba. Y eso me provoco tantas sensaciones inéditas.

En esas circunstancias es inevitable hacer comparaciones. ¿Por qué con mi marido nunca me ha pasado esto?, fue lo primero que pensé. Mi marido es un buen amante. Siempre se esmero en los juegos previos y siempre me excito lo suficiente para que lograr orgasmos. No estaba insatisfecha de nada, más bien creía que tenía una buena relación llena de erotismo y pasión. Por eso estaba bastante satisfecha.

Pero ahora estaba en otra latitud. Y todo era distinto. Con este chavo no había juegos previos, quizás un beso soso, pues no sabía ni besar. Aun así me generaba una lluvia interminable de orgasmos con el menor esfuerzo que jamás nadie me había provocado antes.

Después de tener cuatro o cinco orgasmos seguidos, el lograba venirse. Eso me daba tiempo para reponerme, después de hacerlo de nuevo. El chico buscaba formas distintas para colocarme. Pero me pusiera en la posición que me pusiera, siempre encajaba, siempre le orinaba. Siempre tenía orgasmos múltiples. Tantos que a veces yo estaba sin aliento y él sin venirse. Varias veces le hice sexo oral para complacerlo y pasaba lo mismo. Mientras escurría su semen en mi boca, mi vagina se contraía de placer de igual manera.

Regrese a casa para experimentar con mi marido sin muchos resultados. Después busque la respuesta en otros hombres y de la noche a la mañana me había convertido en promiscua, poniendo en peligro mi relación. Pero ya nada me supo igual.

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