Una tarde lluviosa, llena de pasión y tristeza

IMG_4743fLo encontré cansado, algo triste, no sé cómo, pero estaba distante.
Cuando le pregunte si le pasaba algo, me respondió con una evasiva. Era una forma sutil de cambiar de tema. No te preocupes, ya pasará.

Así pasamos esa tarde. Distantes.

Pero al final, su entusiasmo mejoró. Una llamada telefónica lo trajo de vuelta. No sé muy bien el contenido de dicha plática, lo cierto es que todo mejoró.

Esa tarde me dejo atorado su sexo en mis entrañas. Fue un gozo compartido, donde el placer se distribuyo en exceso, entre ambos lados de nuestras intimidades.

Sabes, eres el amor de mi vida. Me dijo susurrando el nombre de otra.

Justo escuche ese murmullo cuando explotaba por el tercer orgasmo de la tarde, ahogando todas mis dudas en ese placer que me provoca explotar a su lado. En ese momento poco me importo la confusión.

Yo estaba a su lado, con su miembro dentro de mi cuerpo, disfrutando su entrega y su precariedad.

Así que sin pudores lo conquisté, lamiendo cada parte de sus inseguridades, hasta provocarle una explosión de soberbia, que mis ansias por él nutrían.

Sus flujos lechosos fueron savia para mi paladar, mientras su altivo rostro repasaba mis tendencias de geisha a su disposición.

Cuando todo acabo, por unos segundos pasó en mente los breves frases sueltas que equivocaron mi nombre y de nuevo me ensordecieron la locura y la cordura que llevaba conmigo.

Ahora la distante era yo al comprender el adiós que me provoco aquel fugaz encuentro, la tarde en que la canícula terminó.

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