Una nalgada

A mi me gusta el sexo duro, a mi pareja no. Descubrí en bachillerato que tenía muchos fetiches, pero lo que más me gustaba era que me despreciaran, que me humillaran y que fueran rudos conmigo. Yo tengo carácter fuerte, pero me gustan los hombres que se imponen, que son fuertes y que me provoque dolor en la cama. Pero me case con un hombre romántico, difícil de hacer algo que no este dentro de los estándares del decoro que no causen dolor o menosprecio. Mi energía sexual es superior y pensé que nuestra relación no funcionaría, pues a pesar que tenemos una vida en común muy satisfactoria, nos compenetramos en todo y al final resultó ser el hombre de mi vida, el sexo no resultaba bueno. Así que debimos buscar un punto de encuentro para que nuestros fetiches fueran compatibles y nos satisficieran. Para Javier, no fue fácil comprender que quería que me pegara, que me humillara y que me dominara. Cómo lo logró, es aun misterio. No le interesan los juegos, ni los roles, ni conocer otras experiencias, pero una nalgada no se le niega a nadie de vez en cuando, me confiesa.

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