Una experiencia extraña

parejas9Una de las mejores experiencias sexuales de mi vida sucedió en un encuentro popular contra la minería en un pueblo de México. Era una especie de congreso de varios días y donde acudieron miles de personas de muchos países del mundo.

El era un noruego, un chico solidario con los pueblos de este mundo, que andaba haciendo su tesis de graduación sobre el conflicto minero en los países de Centroamérica.

Nos conocimos en el bus, pues los dos andábamos perdidos. Y creo que fue ahí cuando hicimos clic. Desde el primer momento nos relacionamos. Un beso abrió las puertas para una relación fantástica.

Un día, nos toco pasar la noche en una galera. Los mexicanos le llamaban el pabellón municipal. En dicho salón había cientos, si no miles de personas, apretujadas entre sacos de dormir, esponjas y colchones improvisados.

Cuando nos metimos entre el saco de dormir, sentí su pene bastante pronunciado. La luz aún no se apagaba y alrededor había bastantes personas aún platicando. Me excitó de todas las formas, así que sin llamar la atención me despoje de la ropa de la cintura para abajo y quede lista para que me penetrara.

Al principio se sorprendió mi determinación. Pero su mente era más poderosa y su pene más rebelde Así que llego el punto que introducir su enorme pene en mi vagina era cuestión de un empujoncito.

El no paraba y yo llegaba con facilidad al orgasmo. El movimiento nos delataba, pero el murmullo del salón, el ruido afuera y la penumbra del ambiente no era fácil determinar qué eran lo que hacíamos.

Sin embargo los momentos finales eran más intensos. Yo temía que podía mojar todo y tendría que salir, así desnuda como estaba para cambiar el saco de dormir y que todos nos vieran.

En pleno éxtasis comencé a gemir y desperté a una señora que estaba cercana. Su sonrisa picara de complacencia me termino de desinhibir, hasta que por fin el noruego pudo descargar todo sus líquidos sobre mi espalda.
Todo pasó justo en el momento que apagaron la luz en aquel pabellón.

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