Un tipo con control

erDecidí aprovechar ese momento y exploté en un intenso orgasmos que se prolongo unos minutos, hasta alcanzar el otro y ya no pude soportar más. Nunca me había pasado, pero dejaba con las ganas a un hombre, gracias precisamente a que me no me importó más nada.

Todo comenzó un día anterior, cuando me invitó a salir. –Salir contigo, ni loca, le advertí. Pero qué fácil me convenció. Una amiga en común me advirtió. Deja de coquetear con ese, saldrás dañada. Pero quién era ella para decirme a mí lo que debería hacer. Está bien, le dije, pasa por mí a las ocho.

Me llamó a las 7, avisando que iba en camino. Que me pongo, le pregunte, un poco para saber a dónde me iba a llevar. Puedes llevar un vestido corto, me dijo, el pelo suelto y unos zapatos de tacón, a ver si puedes caminar, bailar y estar bien. Y le hice caso en casi todo, excepto los zapatos altos. Preferí unas botas y un vestido algo corto de una pieza. Por el calor.

Cuando llegamos, metió el carro a un parqueo feo, sucio, oscuro y con tres tipos mal encarados que al mismo tiempo de cuidar los carros, tomaban ron en un improvisado juego de porker. Cerramos a la una, dijo el gordo, mientras el otro cobraba.

Al salir, otros tipos ofrecían cambiar dólares y otros más algo de droga. Caminamos dos cuadras entre carros, cuidadores y charamileros. Todos se me quedaban viendo, con mucha lujuria. Me dio pavor. Javier era algo tosco y nada caballeroso.

Al entrar en aquel sitio, me sentí intimidada. No era precisamente un lugar de mi agrado. Había más hombres que mujeres, y muchas de las chicas que estaban ahí, no eran precisamente novias de sus acompañantes. Pero Javier era imponente. Una forma muy brusca del macho men oriental.

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