Tus fantasías

La primera experiencia que tuve con un disfraz sexual fue desastrosa. El novio a quién quería complacer lo tomo a broma. Con el tiempo, la cosa mejoro y fui enfermera, colegiala, policía, ejecutiva, secretaria, stripper, ama de casa y bombera.

En el otro extremo estaba un tipo con quién salí por un tiempo largo. A él le gustaban los lugares exóticos para hacer el amor y desde luego me pareció una buena idea, así que tuve sexo con el en distintos lugares de la geografía local, desde el estacionamiento de Tikal futura, a la playa de Monterrico, en la piscina del Camino Real y en la cocina de mi madre, que por poco nos cacha.

Con el tiempo me di cuenta que ningún sitio tenía nada de exótico, algunos además de peligrosos fueron incómodos y otro pudieron resultar hasta embarazosos.

En este punto debo confesar que disfrute cada episodio. Ninguno fue mi fantasía. Pero las viví como propias. Fue una época en donde el despertar sexual que me generaban esos encuentros, me dio mucha satisfacción.

Al final comprendí que el hombre a mi vida debería ser un tipo simple, pues solo pedía esfuerzo para satisfacerme, sin necesidad de contextos y ayudas externas. Cuando por fin llego, ese hombre fue tan simple, que me lleno de mi vida de amor.

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