Tristeza

Al salir del bachillerato mi madre me consiguió trabajo como secretaria en el bufete de mi tío, quién es abogado. Su oficina queda en la zona 10, en uno de los tantos edificios que existen en dicha zona. La oficina es bastante moderna y mi tío es parte de una sociedad de abogados que llevan casos diversos. Eso me motivo a seguir estudiando derecho en la Universidad, así que a las 4 tomaba mis cosas y me marchaba a la U. Pero esa tarde sucedió algo que lo impidió. Mi tío me comentó por la mañana que tendría audiencia pero que tenía una cita con un cliente a eso de las tres de la tarde, así que me pidió que lo atendiera. El cliente llegó puntual y mi tío ni señales. Así que con sus instrucciones lo atendí y le conté que se tardaría, pues tenía una audiencia y no se podía marchar así por así. El cliente comprendió el inconveniente y pacientemente espero. Su caso es de divorcio. Es un ingeniero y el pleito es por el dinero y como repartir el patrimonio. Tienen dos hijos menores y eso complica todo. Esa tarde el cliente converso conmigo un buen rato. Me contó su historia y yo fue todo oídos. Fue agradable, pues además de simpático es bien guapo. Al final mi tío lo llamo y se disculpó, yo pondré llegar, le dijo, así que quedaron de verse al otro día. El me vio apurada y me ofreció llevarme. Se me hizo feo aceptar, pero estaba apurada y tenía que llegar a la U, así que le dije a donde iba y si no le quedaba mal, aceptaba. Pero si le quedaba mal. Él vive en carretera y yo iba por la Petapa. Igual me fui a dejar en medio de tráfico y fue agradable durante el camino. Durante el trayecto le conté más cosas de mi, que tenía que llegar por un examen y qué solo por eso llegaba. Qué vivía en la zona 2 y otras cosas. Al final dijo que me podía esperar si solo llegaba por el examen y me llevaba a casa, si le aceptaba tomar un café. Se me hizo feo decirle que sí, pero igual le dije que sí. Y así fue como comenzamos a tener una relación. Apenas tenía 18 años, mientras el iba por los 39. La diferencia de edades fue la primera objeción que mi madre puso cuando supo que salía con él. Para mí, al principio fue todo, a ver qué pasa. Pero después me propuso un noviazgo en serio. Y acepte por varias razones, pero la principal, me estaba enamorando. Eso nos duró poco más de un año. El sexo fue otro motivo para querer estar con él. No estaba virgen, pero como si lo fuera. Con él descubrí muchas cosas sobre mi cuerpo, mis deseos y las formas más sublimes de encontrar la belleza. Así que, al año, justo cuando cumplía los 19 me propuso mudarme a vivir con él. El divorcio ya había salido, mi madre no aceptaba la relación, pero ya no estaba enojada conmigo y mi padre le daba igual. Así que decidí mudarme a vivir con él. Y eso cambio por completo mi vida. En realidad, la diferencia de edades la sufría él, principalmente. En todos lados nos confundían, siempre preguntaba por su hija, o sea yo, y nos miraban mal, cuando queríamos tener algún tipo de contacto. Así que decidió dos cosas. No salir mucho, o salir y refugiarnos en el anonimato y comprarme ropa de señora. Así que aun teniendo 19 años me vestía como una señora de 40. Y no me miraba mal, pero era solo apariencia. Deje atrás las mini faldas, la lona, los toples y las faldas largas. Ahora usaba traje sastre, tacones y bolsa. Siempre muy pulcra, a pesar que casi nunca andábamos juntos, siempre nos llevamos bien. Deje de trabajar y solo estudiaba. En la mañana la pasaba en casa, el en su trabajo. Hasta que un día todo cambió, misteriosamente murió en un accidente. Y regrese a mi casa.

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