Tapado

Después de un reparador tapado, subí a mi habitación a dormir. El sol de la calle era apabullante y la piscina estaba llena de gente. La noche sería más espectacular, pensé, mientras mis amigos hacían el recorrido a los 7 altares.

Después de tres horas desperté, un ruido en mi puert, me alerto. Me levante a ver quién era y resulto siendo un tipo que había conocido unos días antes. Me invitaba a recorrer la playa del placer, según sus palabras.

Así como estaba, lo tome del brazo y le pedí que me guiara hacia el placer.

Entramos en una casa con muchas habitaciones. Estaba a pocos metros del mar, en una senda poco conocida y nada explorada.

Advertí unos pasos descalzos, la noche se había apoderado del lugar y la luz de la calle no lograba despejar la penumbra de aquella habitación.

Entonces dos manos negras me bajaban los jeans y otras dos que me quitaban la playera. Abajo no tenía nada. Solo me quede con la tanga que llevaba.

De pronto las manos aumentaron, pero ya distinguía las siluetas. Eran niños jóvenes queriendo descubrir la sexualidad de sus padres. Mientras me imaginaba con tantas manos disponiendo de mi cuerpo, una vos ordeno parar.

Qué pasa, dijo. Dejen a la chica en paz. Y llevo una vela consigo para colocarla en lo alto de una repisa.

Unas risitas en el fondo se escuchaban maldecir la entrada de aquel corpulento hombre negro que ahuyento a todo mundo.

Me llevo un vaso de un licor de la comunidad que me genero un impacto de inmediato. Me lamí los labios para despejar aquella ardiente boca, después de ingerir el licor.

Sus manos negras se posaron en mis pechos blancos y mientras me daba de beber otro trago, otras manos recorrieron mi cuerpo hasta dejarlo desnudo.

Entonces un beso, proviene de un hombre negro como la noche, con unos labios rojos como la vida me rescato de ese sitio y me llevo de nuevo al hotel.

Así por fin pude despertar y retomar la vida sin las fantasías que me había provocado el tapado. No era ningún tipo extraño, quién agitaba la puerta, era mi novio que quería coger y había llegado justo en el momento que más ganas tenía.

 

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