Sumisión

La primera vez que me extendió la mano, note su rostro frágil, sus ojos tiernos y su boca balbuceante. No me beso en la mejilla como era costumbre en dicho círculo de amistades, más bien extendió su mano muy respetuosamente y suavemente me dijo hola. Quizás fue eso, o tal vez no, lo que generó ilusión con esa persona.

La timidez de ese chico me cautivo, lo reconozco. Lo vi como alguien ingenuo y sincero, inseguro, pero al mismo tiempo maduro, una mezcla de sumisión, recato y prudencia. Eso me genero mucha curiosidad y morbo.

Una vez me pregunte cómo será en la cama, y mi amiga solo se sonrió. Otra amiga me dijo que nunca ha tenido novia. Y todas nos reímos de forma picara.

Después de unos meses y de encontrarnos casualmente en varios lugares, decidí invitarlo a casa, a una reunión de amigos. Acepto mientras su cara delato asombro por la invitación y alegría al mismo tiempo.

Lo cierto que la confianza nació entre ambos y se desarrollo tanto de un lado como del otro las cosas cambiaron. Me fui abriendo, a contarle mi vida, mis frustraciones y mis anhelos. Por su parte nunca me propuso nada y nuestras pláticas giraban en torno a todo, menos al sexo.

Pero la fascinación por aquel tipo misterioso se fue agigantando. Lo deseo, le comente a mi amiga, con todas mis fuerzas. Hasta que un día paso. Lo llevé a la cama y resultó siendo una extraña sensaciones de frustración y gozó. Era sumiso en todo sentido. Yo me convertir en dominadora de algo que me decepciono.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *