Sola, triste y abandonada

imagesEsa noche deambulaba por la zona 1. Recorrí la sexta de cabo a rabo, sólo por el placer de caminar sin sentido, ni rumbo. Llegando al parque, encontré a un ex novio. Estaba saliendo del trabajo y me abordo.

– Qué haces aquí, tan sola.
– Caminando y tú.
– Saliendo del trabajo.

Platicamos un rato y me invitó una cerveza.

A las ocho, tenía que irse. Su esposa lo esperaba en casa. Pero la plática estaba animada. Y yo ya estaba algo pasada de tragos.

– Quieres ir a un motel conmigo, le dije.

Fue una sensación extraña. Se sintió intimidado y me dio un sinfín de excusas para que al final terminara aceptando.

El estaba nervioso. El tiempo jugaba en su contra y las llamadas eran cada vez más insistentes. Pero el entusiasmo de la ocasión, mi propuesta atrevida y los deseos de coger con un antiguo novio, me motivaron a sonsacar todos sus planes.

Me llevó a un sórdido motel de la zona 2.

No tenía recuerdos de nuestra pasada relación, eso me hizo sentir falta de confianza. No logré el orgasmo que deseaba, a pesar de hacerlo tres veces.

Preocupado por la hora y con bastante culpa, salió corriendo para su casa y me quede de nuevo abandonada en la zona uno.

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