Sobreviviendo

Él y yo, con el tiempo, empezábamos a ser una relación común. Tan común era que cuando me acosté con mi jefe y se lo conté, no le extraño en lo absoluto, también me justificó. Así nos reconocimos como una pareja truncada. Dejamos de querernos y cada quién tomo su almohada y se fue por su lado, sin abandonar la casa, pues la hipoteca y el trabajo nos comprometía por más de 20 años juntos. Esa dualidad rompía con el estereotipo de pensar que cuando no hay amor, hay estima, y cuando no hay nada, aún se puede vivir juntos. Y así acordamos compartir la vivienda, pero no nuestras vidas. Y de la aventura con mi jefe, pase a tener un novio y él otra mujer con quién compartía cuarto en nuestra casa. Eso resultó siendo más difícil, pues no todas las mujeres comprenden eso de que vivas en la misma casa que su ex, y menos comprenden, que viviendo juntos, no tengan sexo. Y si eso se ve mal, imagínate en tiempos de pandemia y toque de queda, que, a pesar de todo, te tienes que quedar en casa, confinada noche y día o parte del día, viviendo bajo el mismo techo que tu ex. En esas circunstancias ella tomo sus cosas y se pasó a vivir en la mitad de casa que le corresponde a mi ex. En poco tiempo nos convertimos en un trio, y ahora felices los cuatro.

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