Mi terapeuta personal

Hoy les contaré una historia poco común para nuestro país. No se refiere a mis amigas, más bien ahora es de un amigo. Este se llama Jaime.

Él vivio muchos años en Nueva York, regresó al país hace poco y sus ahorros se le terminaron. Chambear en un call center, no es mi estilo, me confesó alguna vez. Buscando opciones decidido poner una empresa dedicada al placer, pero poco convencional. No es un putero, ni nada por el estilo. Ahora se vende como Sex Coach.

Permítanme explicarles antes que es eso de sex coach. En pocas palabras es un entrenador sexual. Una moda, tal vez. Pero en expansión. Básicamente es un tipo o tipa que ayuda a parejas, matrimonios, a llevar una vida sexual placentera, a través de ayuda y entrenamiento para conseguir más y mejores orgasmos en pareja. No es un sexólogo, ni un psicólogo. Pero tiene de ambos.

Está moda nació en Nueva York y se desarrollo ya en muchos países europeos y latinoamericanos. El será pionero, quizás en Guatemala. Se vende en los salones sociales, club de tenis, haciendas de golf, fiestas, etc. Su función es aconsejar parejas, matrimonios, divorciados a cambiar sus rutinas sexuales, o a enfocarse más en lo espiritual y placentero de una relación. Su función es lograr la conexión, entre las parejas.

Trato que rompan con la rutina que los lleva al abismo. Trato que la comunicación se exprese a través de todos los sentidos. Logro una comunión, para una vida más placentera y de mucho bienestar. Bueno, eso dice él su discreta publicidad.

Mi curiosidad me hace dudar y preguntar. Afirma que en muchos casos está presente en el momento en que la pareja tiene relaciones. Soy un entrenador en todo el sentido de la palabra, se defiende, así que no soy alguien que da teoría, sino que vinculo está con la práctica.

A las parejas los pongo hacer ejercicio de relajación, juegos eróticos, a que enfoquen sus energías al entorno y no al logro de una eyaculación. No intervengo, pero si es necesario estoy preparado para hacerlo, me dice.

Jaime me cuenta que cada entrenador tiene su propio método. Y que previo a tener un certificado, -claro está en Nueva York-, debe someterse a un entrenamiento que incluye terapia de parejas. Yo pienso que eso es paja, pero Jaime se vende bien y aunque usted no lo crea tiene buena clientela. No son jovencitas, ni nada por el estilo, sus clientes son empresarios mayores, maduros, que su rutina sexual les impide el desarrollo conyugal.

Jaime además de dar lecciones teóricas de cómo mejorar su relación sexual, también se emplea en orientar la práctica del sexo. O sea que puede tener clientes individuales, ya sean hombre o mujeres, para ayudarle a encontrar su media naranja.

Doy consejos prácticos, algunos se ponen a discusión de la pareja y sólo cuando ambos tienen plena confianza en que todo ira mejor, se ponen en práctica. He recomendado la contratación de prostitutas, para recrear un trío. Siempre llevó los famosos vibradores. Pero ahora ya no se venden tanto, me dice.

El punto de Jaime es el siguiente: “Tener una vida activa, te da seguridad. Activar tu relación sexual, además de seguridad, te genera bienestar”. Gran filosofía, jajajajaja.

Pero debo reconocer que le va bien. Porqué sus clientas de clase alta, que llegan a pagar entre mil a mil quinientos quetzales por sus servicios, se muestran contentas y satisfechas. Me consta.

Eres un puto caro, lo molesto. Pero me asegura que no presta esos servicios, pero siempre tiene un par de clubs que le refieren a chicas por si es necesario. Ahí hay hombres y mujeres y me dan una comisión, por si los empleo, bromea.

Irene, nombre ficticio de una clienta, después de su divorcio se convirtió en una chica muy promiscua. Por la culpa y el despecho, no podía más que hundirse en la tentación del sexo constante e inseguro. Tanto que eso la llevo a contraer enfermedades de transmisión sexual. Pagaba por sexo y eso la estaba llevando al abismo. La conocio en un grupo de terapia para superar la dependencia al sexo. Hoy construyo una nueva vida, con una pareja estable, en donde mi amigo le ayudo a redescubrir el encuentro sexual. A ver a la otra persona, no como accesorio, ni a considerarse un objeto. Tiene una relación sexual sana y espiritualmente satisfactoria.

Espero que le vaya bien a mi amigo. Chicas, si quieren contactarlo, escríbame. Es muy bueno, doy fe de ello.

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