Sentirse puta toda la semana

cortaEstoy en la zona 1 celebrando el cumpleaños de mi amiga y compañera de trabajo Hellen. Son las 10 de la noche y las cervezas comienzan hacer efecto en mí. Decido pedir un taxi para no molestar a mis compañeros y salgo a la calle para esperar su llegada. Estoy entre la puerta del bar y la calle, cuando un vehículo pone sus luces de emergencia y desde adentro veo que me hacen señas. Pienso que el tipo anda perdido y quiere consultarme alguna dirección o algo por el estilo. Pero no, la perdida soy yo. “Súbete nena, te voy a pagar bien”, me dicen desde adentro.

Al otro día, llegó a la oficina aún con resaca. Pero la rutina es distinta en la institución. Tenemos jefe nuevo. A las nueve de la mañana nos llaman a reunión. Es la presentación oficial. Sus palabras son las mismas de los anteriores jefes, pero resulta ser más moralista que los otros. Yo me aburro, tal vez por el desvelo y veo a mis amigos y amigas en situación similar. ¿Cuánto durará en el puesto? Pienso. Al otro día el primer memo del nuevo jefe. Se nos exige usar uniforme y se prohíbe la ropa corta y provocativa, los pantalones ajustados y las blusas de colores y con escotes pronunciados. Vaya, Vaya. Con razón mencionó tanto la moral en su presentación, es otro cruzado fundamentalista de pacotilla. El jueves, por la tarde, el nuevo jefe me llama a su oficina. “Cierra la puerta“, me habla ya en confianza….. “Te he visto, eres muy atractiva…....”, me suelta sin preámbulo alguno.  “Se que te gusta provocar y enseñas tus piernas con bastante facilidad” fue su otra frase. Ahí pensé que lo del memo iba en serio y me estaba preparando para una reprimenda moralista de padre y señor mío. Pero antes que yo pronunciará palabra alguna me digo claro y pelado: ” bueno, te propongo algo, quiero que seas mi asistente personal, lo cual significa un ascenso laboral……. Pero a cambio, quiero que te acuestes conmigo…. Qué te parece……….

Al final de la semana, por fin en casa, espero la llegada de mi esposo quién trabaja en el interior del país. Estoy contenta y ansiosa por verlo. A mi edad, las hormonas disparan mis emociones y tengo hambre de sexo. De pronto suena el teléfono. Es mi marido, explicando que no ha podido salir temprano del trabajo y debe quedarse. Llegará hasta el otro día. Resignada y cansada me duermo con desanimo pero con la ilusión de tenerlo el sábado completo. Al otro día me levanto temprano y lo espero con el desayuno hecho. Como a él le gusta. Pero no puedo esperar. Lo tibio del amor también implica cuidado y protección que en estos días me ha hecho falta y quiero suplirlo con pasión. Lo veo y quiero estar empiernada con él. Lo seduzco y le digo que lo extraño. El amor es un trabajo duro que la distancia destruye poco a poco. Por fin, va a la cama. Estoy deseosa de él, pero pasa algo que me aturde. A regañadientes me coge y lo peor, termina de inmediato. En un abrir y cerrar los ojos, todo concluyo. Se levante, va al baño y se asea. Yo espero más. Entonces él se viste, dice que se tiene que juntar con alguien del trabajo y debe irse. Antes, me deja el dinero para el gasto de la semana. 

 

 

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