Se acabo el encanto

barraConocí a Daniel en un bar de la zona 1. Mientras yo platicaba con amigos y amigas, él de reojo me lanzaba miradas lujuriosas que a veces devolvía con una sonrisa.

Me gustaba ese coqueteo. Nunca me pareció morboso y de mal gusto. Al contrario, era excitante.

Pero sentía que era algo tímido después de tantas señales que enviaba no se me acercaba. Así que le di opciones para que dejara de mirarme y terminará hablándome.

Esa noche iba súper provocativa. Con una minifalda negra, escote pronunciado y zapatos de tacón que me hacian ver más alta de lo que en realidad soy.

Decidí levantarme de la mesa varias veces, para ir al baño, otra para pedir una cerveza y salir a fumar. En todas pasaba cerca de donde él estaba y le coqueteaba descaradamente.

Era obvio que quería con él.

La última vez, desde que me levante me siguió con la mirada, luego me sonrio y me levanto el vaso. Por eso llegue hasta la barra, pero no se atrevió a invitarme a nada, así que pedí una cerveza.

Cuando pasaba a su lado, ingenuamente pensé que me hablaría. Yo estaba más que dispuesta e insistente. Era su oportunidad. Si no lo hacía yo lo haría.

Al tenerme muy cerca, dio la vuelta y me dice:

¡Que rica, mamacita¡ ¡Que piernas tienes mujer!

Justo en ese momento se acabo el encanto de la noche.

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