República Dominacana

Desperté y lo primero que vi fue mi cuerpo desnudo, con las piernas abiertas y mi sexo aún húmedo. Busque luego al otro lado de la cama, pero no había nadie. Entonces escuche un ruido que provenía del baño, pero entre todo aún no me ubicaba en donde estaba y con quién, hasta que lo vi salir, también desnudo, con su pene colgando así de largo y su cabello mojado por el baño. Despertaste, dijo y entonces por fin supe que estaba con alguien que no sabía ni su nombre aún. Nos habíamos conocidos hacia unos días en la convención a donde asistó y pues después de dos días de coqueteo me fui a su cuarto y me quede dormida. Son las doce y cuarto, me dijo. Entonces me apure, ya es tarde, me perdí toda la mañana, dije. El se sonrió y me corrigio. No querida, son las doce de la noche. Aún falta para la conferencia de la mañana. Sentí un alivio. El licor y la cena, después el sexo, me habían puesto algo cleta. Se sento a mi lado y pregunto que me apetecia hacer. Comprendí que era hora de recordar que había tenido una velada estupenda. Que los orgasmos que aquel tipo me había provocado, no los había sentido ni con mi esposo. Pues tu mandas, le dije, complaciente. Entonces llevo su pene a mi boca y me ordeno que lo despertará. Así pasamos las siguientes dos noches de mi estancia en Santo Domingo. Hasta que mi esposo me recibió en el aeropuerto pude dejar de pensar en aquel primer dia que vi las estrellas en aquella maravillosa playa disfrutando el cuerpo desnudo de un esbeldo amigo de convención.

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