Regalos para celebrar el día del cariño

sex4Steve me dijo que llegaría tarde a casa, pero que a las diez, debería estar lista. Que usará el regalo que me había llevado por la mañana.
A las nueve me metí a la tina y estuve media hora tirada entre las burbujas del jabón y el agua caliente, para evitar el frío que hace en los últimos días.
Luego me quede sin ropa por un instante, vagando entre la sala y la cocina del apartamento, esperando a Steve. Después tomé la caja, destape el regalo y encontré un mameluco sexy que me había comprado para celebrar el segundo aniversario de nuestro romance y también el próximo día del cariño.
El traje, comprado para el carnaval según me dijo Claudia, me quedaba apretado. Las medias me llegaban hasta el muslo. El rojo era bastante ofensivo, nada sexy. También había un par de pestañas postizas y un rubor rojo fuego de los que ya no se usan. Feo y poco llamativo. Al fondo encontré algunos juguetes de dominación, látigos, latex, dos vibradores y unas esposas. Enseguida me entro el morbo. Sería una noche para experimentar. Así que me probé la ropa.
Entonces fui al espejo para ver mi apariencia y cuando por fin logre observarme completamente me sorprendió lo fea que puedo resultar con un atuendo así. Que puchis, pensé. Steve se quiere asustar.
Pero esa vestimenta, y especialmente los accesorios que venían en el regalo, eran parte de un ritual que estábamos explorando con Steve, que habíamos hablado de llevarlo a cabo, una transformación para postrarme a sus deseos prohibidos y ocultos de alguien a quién amaba con todo, y que conocía de poco.
Esta vez, la idea era que sufriría una humillación, otra más, desde una actuación de dominador que Steve le gustaba ejercer sobre mi cuerpo y sus deseos. En realidad los humillados éramos los dos, yo por ceder a sus chantajes y él por reforzar su mala idea de tenerme sometida sólo por el hecho de que lo amaba locamente y estaba dispuesta a todo por él.
En fin, llego una hora más tarde de lo acordado, por tanto mi desesperación por la espera y el traje estaban en su punto máximo. Pobre de mí, pensé cuando lo esperaba. Esta noche me castiga aún cuando no está presente.
Me encontró acostada, en la cama, mirando al cielo por la ventana, con las piernas abiertas y con el diminuto bikini que me había comprado, el cual me tallaba tanto que sentía rico el roce del hilo con mi clítoris y el ano, que estaban alineados por tal ocasión.
Steve al verme así, se quedo quieto en la puerta del cuarto. Por un instante no dijo nada, solo observo. Me vio postrada y vestida de esa forma, su morbo se fue por las nubes. Su excitación también. Sus ojos hablaban de manera elocuente todo lo que su cabeza gestionaba, su pene estaba excitado, pues sus pantalones dejaban ver el bulto que eso generaba.
Entonces le grite. Steve, qué putas esperas ahí en la puerta. Desnúdate ya, grite de nuevo. Y fue en ese instante en que los papeles se invirtieron. El paso de ser el dominador, a dominado. Yo me emplee a fondo para sentir lo que me provocaba esa situación.
Vení, cerote¡¡¡¡¡ exclame como la mejor de las dominadoras.
Y se postro a mis pies, lamiendo cada parte de mi cuerpo con ternura y dedicación, haciendo lo que le exigían las circunstancias y mis deseos. Fue algo increíble.

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