Reencuentro con mi ex novio

A dónde me llevas, le pregunto a Roberto.

mmm, contesta, relájate me dice mientras me tira el humo del cigarrillo.

He regresado al pueblo, seis años después de haberme ido a estudiar a la USAC, y las cosas siguen igual que cuando me fui. Los amigos y amigas que se quedaron no han cambiado.

Las rutinas siguen siendo las mismas, la diversión ahora es más cool, dicen por qué hay un poco de drogas.

Roberto y yo fuimos novios, desde tercero básico hasta el bachillerato. Pensé que nos casaríamos, y su familia y la mía tenían planes en ese sentido. Yo tenía muchas ilusiones, pues es y será el amor de mi vida.

Pero al final dijo que tenía que pensarlo, que ambos éramos muy jóvenes para dar ese paso y debíamos conocer otra gente. Estar con alguien más y estar seguros de lo que queríamos.

Así todo se esfumo y yo me fui a estudiar a la capital, huyendo del desencuentro. Y claro que conocí a muchos chavos, y según me cuentan mis amigas, el se convirtió en un mujeriego consumado.

Dime, a dónde vamos, insisto. Será difícil complacerte, dice burlándose. Hoy no estás de humor, me aclara antes que lo mande a la mierda.

Cuando llegamos a la casa de uno de nuestros amigos, hay fiesta y está animada. Veo mucha gente conocida, viejos y nuevos amigos, en fin, un lugar conocido, lleno de recuerdos. Bailo, tomo cerveza, converso con todos, abrazos a gente que deje de ver hace tiempo y Julian, me da un beso rico, para entrar en calor.

Ya más sosegada, me siento a platicar un poco y me preguntan por Roberto. Qué con él, les digo. Andan juntos dice alguien. Cómo crees, le respondo. Otro más dice que Roberto anda saliendo con Cristina, una del pueblo con quién no tenemos buena amistad. Me enojo, pero les digo que me importa poco la vida de Roberto. -¿quieres un poco de vodka? Me dice Efren y le digo que no, que llevo tomando cerveza y no quiero más.

Roberto me llama, dice que tiene yerba. No te pases Roberto, digo enojada.

Crees que sigo siendo la pobre tonta de hace años atrás, le recrimino. Seguro que no, dice nuevamente en tono de burla.

Ven, me dice, te llevare arriba. A dónde arriba, le cuestiono. Me toma la mano y subimos a la bomba de agua del ferrocarril, que está abandonada a punto de derrumbarse. Desde arriba se divisa todo el pueblo.

En el parque la municipalidad quema juegos pirotécnicos al mejor estilo de las luces campero, en versión pueblerina.

Al subir me mareo, no por la altura sino por las chelas. Pensé que te gustaban las emociones fuertes, me dice. Hay frío. Roberto me abraza, pero lo rechazo. Insiste, me intenta besar y dice que me quiere.

Aquí es donde te vuelves a enamoras de mí, dijo al momento que me besa y el cielo se ilumina de rojo y amarillo. Es una situación de película, se expresa con tono burlista.

Me toma del brazo y me besa de nuevo. La garganta la tengo seca, pero tengo unas ganas inmensas de estar con él que no me importa ese inconveniente.

Pero el cielo se apaga y las cosas entre nosotros tienen muchas aristas no resueltas.

¿Quieres seguir jugando conmigo Roberto? Le pregunto. No, claro que no nena, dice en tono condescendiente e hipócrita.

No me digas nena, que no soy tu nena. Dile así a tus putitas con las que andas, le recrimino de nuevo.

Estas intensa hoy, relájate. Yo te quiero, corazón, me dice.

-Jajaja, no te creo. Soy tu juguete. Siempre lo he sido. En fin, hablamos mucho, decimos poco. Promesas, recriminaciones que llevan a reflexionar sobre nuestros sentimientos.

Al final cedo. Le digo que puedo pensar regresar con él. Se emociona y de nuevo las promesas. No estoy segura. Tengo vida fuera del pueblo. Es más, no pienso regresar. Se lo digo, pero insiste. Qué pena, perdimos 6 años, le digo. Y le suelto de nuevo el insulto: Eres un idiota. Lo jodes todo, pendejo. Pero tú, nunca me vas a perdonar, dice en tono elocuente.

Ok, le respondo. Pero ahora yo soy la que pondrá las reglas del juego, te advierto. Que no saldré lastimada de nuevo. Entonces tú eres la que quiere jugar conmigo, responde.

Cerrare los ojos… y contare hasta cinco, cuando los abra me puedes besar y podemos hacer muchas cosas más, siempre y cuando quieras hacerlo, tendrás la oportunidad de pensar si realmente quieres hacerlo. Si cuando abra los ojos ya no estás aquí, estará bien para mí y todo seguirá igual que antes.

Pero si me besas y hacemos algo más que eso, te quedaras conmigo para mucho rato. Será una relación la que nació nuevamente. Comprendes.

No soy tonto, me responde y le grito, ¡comprendes¡ pendejo.

Si, dice muy seguro.

Ah, otra cosa, no tendremos relaciones, no habrá sexo por el momento. Acepta resignado.

Entonces comienzo a contar, y antes de llegar al final me besa. Ahí mismo hacemos el amor. Si, en aquella estructura metálica, con el frio de la noche y la altura, me presiona contra la bomba y lo hacemos. Fue algo lindo, maravilloso, en donde por fin, encontré lo que había tenido y había perdido.

Hoy se cumplen 2 años de aquel épico regreso. Es el tiempo que tenemos de casados. No es hermosa la navidad.

 

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