Recorriendo el vicio

strippertableUna tarde me encontré con Joaquín, un viejo amigo con quién de vez en cuando tuve una aventura alocada y quizás por eso dejamos de vernos. Hablamos de muchas cosas de la vida y me sentó tan bien el reencuentro, qué a partir de ahí, volvimos a juntamos los viernes por la tarde para tomar café y platicar de todo.
Pero el viernes pasado, la plática giro en torno a sus aventuras en los bajos mundos del vicio, la prostitución y la droga. No sé cómo se me ocurrió decirle: enseñarme esa vida nocturna que no conozco. Así comienza está historia.
Recorrimos media ciudad buscando su dosis diaria de locura, mientras me contaba sus desventuras con las mujeres, sus vicios, sus deseos y por más que lo quería evitar sus dilemas entre su bisexualidad no aceptada y el amor que sentía por un travesti prostituto de la zona uno.
Entonces, cuando la depresión se apoderaba de él, su cuerpo se refugiaba en al alcohol, las drogas y la prostitución femenina. Era cliente asiduo de una barra en donde fingía tener paz y sosiego por el otro amor. Qué difícil tu situación, le dije antes de llegar. Solo se sonrió y me indicó dónde dejar el vehículo.
En la entrada tres hombres con mala cara nos cerraron el paso. Pero Joaquín era cliente conocido, y con las disculpas del caso me registraron toda, lo que incluía una tocada de padre y señor nuestro. Ante mi incredulidad por semejante ultraje, el otro dijo amablemente, pasen y que disfruten la noche.
Adentro el humo del tabaco se mezclaba con chicas jóvenes que andaban en calzones, enseñando sus escotes pulposos y sus zapatos de punta que las hacían ver más altas de lo que realmente eran.
Qué van a tomar, dijo el mesero de inmediato.
-Tomate un trago –me ordenó Joaquín. Yo quería una cerveza pero en vista de la recomendación pedimos un trago fuerte.
De pronto Alondra, una morena muy bien formada llego y se sentó con Joaquín. Su fuerte perfume, que olía a siete rosas, me llegó mucho antes que su figura se notara. Su melodiosa voz la delataba como extranjera. Pero a pesar de todo era simpática, no guapa. Joaquín la invitó a un trago que costaba el doble, que al final me tocaba pagar igual.
Sin necesidad de pensarlo, desde el principio supe que Joaquín me llevaría a un lugar así, para conocer la vida, según él; de manera que no me sorprendió el hecho de terminar en ese sitio esa noche. Me sorprendió mi disposición. Sabes, le dije a Joaquín, yo pensé que mi debut con otra mujer iba ser con alguien a quién conociera en el trabajo, o en relación a eso, pero no en un bar como este. Joaquín se sonrió y me dijo que le agradaba que me lo tomara con relax. No esperaba menos de ti, agrego.
Alondra al escuchar la plática llamo a Estrella. Una rubia forzada con un cuerpo bien estructurado que acababa de terminar de bailar y aún andaba enseñando las tetas aún. La chica podía tener menos edad que yo, y su cuerpo estaba también formado que en realidad me llamó mucho la atención por eso y por su singular manera de bailar. Su rostro era lo de menos, pero por decir más, no era fea. Los estragos de la noche y el trabajo se notaban, pero sus facciones eran muy finas.
Joaquín sabía perfectamente en dónde andaba. Antes que se evaporará mi trago pidió más rondas para todos, que ilusionadas las dos chicas también compartían. A ella le gusto mi perfume. Dijo que era de mujer rica. Ambos nos reímos, pues no sabía si era de dinero o de belleza. Me pregunto muchas cosas, pero principalmente si eran de oro mis aretes. La plática se combinaba con constantes caricias e insinuaciones. Quieres que te baile en privado, me susurraba al oído y de pronto sus labios besaban mi cuello con suma delicadeza.
Después de muchas rondas, el dinero estaba por terminarse, justo cuando las cosas comenzaron a aflorar. Le pregunte al mesero cuanto era el costo de la chica para estar en un lugar privado, pero Joaquín conocedor del asunto me previno. No Pam, así no es la cosa, mejor las esperamos afuera y nos ahorramos la mitad, dijo. Y luego me pidió más dinero. La muchacha me comenzó a besar y dijo que pasaría una noche inolvidable con ella, pero quería que fuera en el local. ¡Qué noche, pensé! ¿Cómo una fuerza tan frágil pudo desencadenar toda esa potencia dentro de mí? ¿Cómo pude llegar a necesitarla en tan poco tiempo?
Pero Joaquín más lucido me saco de ahí. Ven, dijo vamos a la esquina a tomar café. Te echas uno cargado y esperamos a que salgan. Me resulta difícil rememorar ahora el denso y profundo instante que se precipitó a continuación. Pues fue la dispersión del entendimiento, la pérdida absoluta de la noción del tiempo, del lugar y de las cosas que generaron todo lo demás. Lo cierto que después de tres horas en el lugar, salimos de ahí con muchos deseos, yo algo ebria, pero bastante cuerda para darme cuenta que pasaría a ser parte del tren de vida de Joaquín.
Y tal como Joaquín predijo, las dos chicas:- Alondra y Estrella, salieron a buscarnos. Pero solo Estrella se ofreció para irse con nosotros. O tal vez no, Joaquín quería buscar a Trini, su chavo-chava, que ya lo esperaba, después del trabajo. Una vez en el carro, ella continuo metiéndome mano con mucha destreza, mientras yo manejaba y Joaquín se drogaba en la parte trasera del vehículo. De pronto él también quiso participar y todo se estropeo. Si me pagan mil, lo puedo hacer con los dos, dijo, y todo lo que ustedes quieran a lo largo de esta noche, no tengo problema con eso. Si me pagan la mitad tampoco -aseguró ella, pero solo lo haré con uno de los dos.
Fue así cómo aprendí que todo acaba, que la distancia que separa a la realidad del deseo se mide en unidades de tiempo y especialmente de dinero; y esto siempre que se trata de ilusiones que te puedes dar el lujo de pagar cuando tienes el dinero para hacerlo. -Vamos, no es la única mujer que hay en el mundo -dictaminó Joaquín, mientras yo trataba de recordarme dónde había un cajero cercano.

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