Qué es lo que importa

Hace unos días, por las redes sociales, alguien pregunto: qué cosas buenas puedes decir de tu ex. De inmediato me vino a la mente su pene grande.

Me sonroje cuando se lo conte a mi amiga, pero era cierto. Gerardo tenía el pene enorme.

Nos hicimos novios por casualidad, quizás porque era el único chavo que no fumaba. Era guapo, alto y atlético, sus labios eran gruesos y sus ojos negros contrastaban con su piel blanca.

Pero me atrajo su sencillez y su timidez. Además de sus pocos vicios.

La primera vez que sentí que tenía algo grande entre las piernas fue en una fiesta, bailando. Le intrigo, pero pensé que tenía su billetera adelante y no puse atención.

Pero fue cuando tuvimos sexo la primera vez que supe que efectivamente era grande.

No tenía muchas otras referencias. Dos novios en secundaria, y otras relaciones al entrar a la universidad. Mi vida sexual a los 23 años era escasa.

Pero desde el principio supe que no era normal. Su pene era grueso y largo. No tenía la circunsición y aún así, era grande. Pero cuando lograba su erección era más grande aún.

No le gustaba mucho presumir de su paquete. En realidad, en la cama, era tosco, poco empático con el gozo femenino y tampoco ponía atención a las señales que el otro cuerpo podía transmitir, así que a parte de la sensación de tener un pener enorme en tu cuerpo, lo demás era todo normal.

Nos dejamos después de un año. Pero siempre me recuerdo de ese detalle. Con otras parajas, no puede dejar de comparar y ahí me di cuenta que en realidad su pene era enorme.

Lastima que no podía utilizarlo muy bien. Pero mis manos lo gozaron. Me boca, a veces.

Con el novio con quién ando ahora, el tamaño no se compará. Hay una distancia abismal. Sin embargo, a pesar de todo, con el paquete pequeño me ha provocodo los orgasmos más ricos que jamás alguien me haya podido brindar.

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