Propuesta para la noche

Son apenas las siete, me dijo. Tenemos que salir, vamos a la Antigua o mejor, a la fiesta de Josue, dijo emocionado. Si yo tengo que elegir, pensé de inmediato en Antigua. Pero dijo que mejor íbamos a la fiesta de Josuo en la zona 15. Steve quería salir, emborracharse en cualquier fiesta de esas que suele ir y presumir conmigo, una forma de sentirse súper macho con los demás. Yo lo conocí así y sabía como era. Me había presentado infinidad de chicas, pues viéndolo bien, era su adn natural. Enseñar a su culito más reciente frente a la sociedad era un ritual sagrado para él y sus amigos, a pesar que todos decían no ser machistas. Así que le puse mil excusa para abortar dicho plan pero no tuve éxito, me termine convenciendo por muchos motivos que no vienen al caso citar que me la pasaría bien. Le dije que no podía ir así como iba vestida y sin zapatos. No importa dijo. Es más, era justo como quería presentarme. Como había dicho en la mañana, casi desnuda, enseñando el culo y las chiches a todo mundo. En el camino me pasó comprando unos zapatos de punta alta, negros, muy bonito, que me subieron el auto estima y me hicieron ver más sexy. El vestido corto te queda bien, dijo sarcasticamente. Y es que tu literalmente usas toda la ropa corta.  Sencillo para meter la mano, agrego. Pero es sencillo para que todo mundo me viera el culazo que tengo, le dije medio en broma. Así es, me dijo, presumiendo de lo que se había comido unas horas antes. Bueno una conversación de ese tipo nos llevo hasta esa casa, donde era la fiesta. Un antro donde vendían cervezas, había droga y tenía luces de discoteca pero todo eso se podía notar adentro, afuera no se daba color de nada. Después de tres tragos de tequila y dos cervezas, mi cuerpo regreso a tono y el baile me recupero por completo. Antes de las once de la noche, la borrachera daba paso al deseo. Y en aquel sitio, todo los amigos de Steve, no solo me habían desnudado con la mirada, también se me habían insinuado de miles de formas posibles e incluso, los más atrevidos me habían intentado tocado sin descaro. Uno me dio un beso. Ya cansada de bailar con ellos y sentir sus deseos impertinentes regrese con Steve a tomar y tomar. Fue entonces cuando se nos ocurrió hacerlo ahí, en pleno chongengue. Fue sencillo, sabroso y sin contratiempos. Me sente sobre su regaso, Sus manos fueron diestras e hicieron a un lado mi diminuta tanga y su pene ingreso en mi vagina como un cuchillo caliente sobre una barra de mantequilla. Moverme al ritmo de la música fue fácil y despisto a cualquiera. Sentir el pene erecto recorer mi vagina por dentro y por fuera me provoco esos alaridos que siempre salen en esos momentos cruciales, pero que el sonido de la música del lugar ahogada con enorme pulcritud. Sus manos en mis caderas permitían que el ritmo fuera pausado, cuando tenía que serlo y rápido cuando él quisera. Me acorde de la silla ejecutiva y el sexo poco original que mi jefe me propuso en algun tiempo. Sus amigos bailaba, yo disfruta. Steve se venia. Yo lo disfrutaba.

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