Poseída por el demonio

Mi amiga me lo cuenta así. Una tarde nena, después de participar en actividades comunitarias a la orillas del lago de Amatitlán, nos quedamos comiendo mojarras y dando una vuelta por los alrededores.

Con Carlos nos fuimos a sentar en lo profundo del lugar, justo donde los domingos montan diversiones con caballos para los niños.

Al principio me senté sobre sus piernas, mirando hacia los campos de basket bol que hay en el lugar. En los comercios había movimiento, y en el otro lado unos niños jugaban a la pelota. Después de besarnos apasionadamente, me di cuenta que estaba mojada. Me había excitado mucho.

Como pude le saque el pene a Carlos, él se sintió mal, incomodo. Qué haces, me dijo varias veces. Pero como te digo nena, estaba caliente. Entonces me senté sobre él, vamos le dije penétrame.

Sabes nena, me dice mi amiga, tuve un comportamiento anormal. Lo reconozco dijo sin culpa. Pero que rico sentí. Cada vez me movía con mayor intensidad, esperando que los que jugaban en las canchas se dieran cuenta que me lo estaba cogiendo, sentía que mi cuerpo iba a explotar. Que los orgasmos que sentía, me iban a terminar desbordando. Yo gritaba de placer, mientras Carlos se asustaba. Pero te digo nena, estaba poseída por el propio demonio.

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