Por poco

infielesEra un día frío y gris. Pero no me importa nada, simplemente había amanecido feliz, dichosa y caprichosa.
Tome el bolso y me fui al centro. En la calle reencontré la felicidad.
Subiendo por las escaleras eléctricas de un centro comercial había encontrado a Fabricio. Un amigo de la U, con quién un día estuvimos a punto de acostarnos, pero su novia nos cacho y después había impedido todo contacto entre nosotros, hasta ese día.
– Y entonces, le dije, aún siguen con la bruja esa.
– Bueno, si, en realidad es mi esposa, dijo resignado.
– Y tú, pregunto.
– Yo también ando con Steve. Dije, aclarando rápidamente que éramos solo novios.
Después de ese intercambio breve y sustancioso nos fuimos a una cafetería a tomar café caliente y seguir con la conversación. Así estuvimos por varias horas, yo contando mis penas amorosas y él igual. Hasta que llegamos a lo nuestro, la atracción que sentíamos desde siempre y que nunca se concretaba.
Si decir nada me tomo la mano fuertemente, mientras que la otra se aferraba a la taza de café ya fría por el tiempo.
A dónde vamos con esto, pregunte riéndome, pero temerosa de que fuera a tomar el rumbo que pensaba.
Sus manos estaban apoyadas en la mesa, pero sus músculos estaban tensos. Podía sentirlos fuertes bajos mis manos. Después me tomó el rostro entre sus manos y se acercó lentamente a mi boca, hasta que pude sentir su respiración acelerada y deseosa. En voz baja me pregunto:
– Te gustaría hacerlo.
Mordiéndome los labios le respondí que no. De improviso mis miedos me había invadido la felicidad de ese día.
Hizo más presión con sus manos, a lo mejor lo quería traducir en dulzura pero por lo tenso de la situación y mi rechazo se mostraba bruco. Ahora lo tenía frente a mí, con sus ojos azules y sus labios carnosos. Yo dije que no, pero por miedo, pues al verlo de nuevo todo se había alborotado.
Enfadado entro entre mis labios, llevando su rico sabor que todavía conservaba y tanto me gustaba. Sentí su respiración agitada y hubo un momento que sentí su calor dentro de mi cuerpo.
Entonces me separe y me levante. En aquella cafetería estábamos solos. Quería escuchar una palabra suya que me tranquilizará. Que me explicará cómo sería la situación. Los dos con pareja y tentando los deseos por fuera.
¿Quieres tomar algo? Preguntó.
Nos vemos mañana, le dije. Tal vez podamos ir a un motel y aclararnos mejor las cosas.
Fabricio me miro y yo esboce una sonrisa de compasión que desapareció al momento de darme la vuelta y ver a Steve pasando por la calle.

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