Poderosa

holapaseponyQuiero que sepas que nunca entendí muy bien lo que pasó, pero desde la primera vez supe que pasarían más veces. Sé que traicione tu confianza, pero me gustaría que comprendieras, le dije a Ernesto, mi novio de años porque lo había dejado por Joaquín, un mujeriego que me sedujo en media hora.

Carolina mi amiga y vecina me lo presentó, quizás porque sabía qué clase de persona era Joaquín. Ella me consideraba ingenua, nada sexy y hasta tonta. Lo sé, pues me lo dijo la vez que intento cambiar mi aspecto regalándome ropa de paca que había comprado para mí.

A Carolina no le gustaba mi relación con Ernesto. Al principio la cosa fue con ella, pero de pronto el cambio de opinión y me conquisto. Así que se sentía traicionada por él. Y reconozco que a pesar de eso, Carolina siempre me ha tenido aprecio y a su manera me ha querido mucho. Y lo sé por todas las cosas que pasamos juntas, siempre estuvo ahí para apoyarme.

Joaquín llego un día a mi casa, después que Ernesto se había ido, y me dijo abiertamente que sería suya. Creí entonces que era pose de machito grosero su atrevimiento, pero en realidad era más que eso. Fui un reto, en todo sentido para su ego machista.

Luego vinieron los encuentros en un antro de la zona uno, en donde Carolina ayudaba para que fueran posibles. Joaquín no iba a esperar, tampoco sentía nada por mí, más que cumplir su obsesión de tener mi cuerpo entre sus conquistas. Presumía con sus amigos que pronto caería.

Esos encuentros dieron sus frutos. Nuestra intimidad se vio reforzada por mi complacencia y mi apertura. Quería complacerlo, estaba dispuesta a renunciar a un noviazgo aceptado por mi familia y reconocido por las amistades como ideal, por una aventura de pasión y desenfreno que no tenía con Ernesto.

Así fue como, pase de negarme a mostrarle mi lado más pasional a Joaquín. A desearlo con más fuerza cada vez más, para que viera que sus obsesiones se cumplían. Llego un instante en que quería ser su presa devorada. Y eso paso pronto. En el mismo antro, recostados sobre aquella pila de cajas de cervez, le abrí todo mi cuerpo.

Esa curiosidad grosera que tuvo al principio se transformo más tarde en ternura. Más tarde, nuestra intimidad se vio incrementada hasta límites que nunca pensé llegar. Y por eso mismo le dije a Ernesto que lo nuestro tenía que terminar, yo no me casaría con él, pues estaba teniendo sexo con Joaquín y eso era lo que quería.

Para Ernesto eso fue devastador. Pero eso me relajo y al mismo tiempo me produjo una doble sensación. Me sentí poderosa.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *