Nuestro martillo

El saco mariguana y se hizo un cigarro. Me miro a los ojos y me ofreció un poco de hierba. Le dije que no, que en ese momento no tenía ganas. Hizo un gesto de molestia. Se llevo el cigarro a la boca y exhalo profundo. En verdad no quieres pregunto de nuevo.

Cuando dices que si, te adoran. Pero cuando no quieres hacer algo, te empiezan a odiar. Eso creo que paso en ese momento.

En esa época yo tenía 22 años y estaba locamente enamorada de Juan. Comenzó como una aventura de mi parte, pero nuestro noviazgo fue prolongado y en ocasiones pensé que iba para toda la vida.

El me desnudaba con suma facilidad. En cualquier parte y bajo cualquier circunstancia, y eso era lo que más me gustaba de la relación.

Nuestra vida giraba en torno al sexo, la mota y el cine. De mi parte el deporte era otra gran aventura.

Tenía una filosofía barata de la vida, que se acomodaba en toda regla a sus reglas. Yo era su invento y a veces me drogaba con él, pero nunca me enganche a nada.

Esa era la gran diferencia entre nosotros. El sexo nos redimía siempre. Pero su alma estaba consumida.

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