Nos enojamos por una tanga

Justo el día de mi cumpleaños nos hicimos novios con Pedro. Mi madre lo odiaba y mi padre se portaba indiferente por fuera, pero yo sabía que tampoco lo aprobaba. Eso no me importo. El tipo me atraía bastante. Era obsesivo con algunas cosas y dejado con otras. Rebelde cuando quería y condescendiente cuando le convenía. En la cama era también diferente. Le gustaba oler mis calzones y eso se convirtio en un ritual que me excitaba. No había juegos previos mejores que ver su rostro cada vez que me quitaba el calzón y lo restregaba en su cara. No era posible que él se excitará, si no cumplia a cabalidad con ese ritual. Eso me generaba un poder sobre todo y el desempeño de ambos garantizaba los orgasmos más prolongados. Con el tiempo, comenzó a llevarse mi ropa interior. Para mi asombro, debía comprar más prendas cada cierto tiempo. Confieso que el tiempo que duro esa locura, me la pase bien y nunca me importo quedar corta de ropa interior. La única vez que me molesto mucho su actitud, fue una vez en su casa, cuando observe que entre sus pertenencias habían varias tangas y un hilo con una rosa roja en la parte de atrás. Eso dio al traste con nuestra relación. Nunca use tangas, ni compre ropa así. Eso me molesto. Eso fue lo que paso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *