No pasa nada

¿Qué pasa? ¿No tienes ganas?, indagó con una mirada desilusionada. Su pene, estaba arrugado, frío y sin ganas. Parece que no quiere, dije para llenar con razones y excusas el enorme silencio que generaba la contemplación de ese pedazo de cuero, que no quería funcionar. Déjalo, indiqué cuando el empezó a tocarme. Yo seguía contemplando su pene y por la ventana escuchaba el griterío de los niños jugando en la calle. ¿Estoy muy fea?, le pregunte con voz temblorosa. No eres tú, soy yo, respondió. Eres gay, pregunte. No, como crees, respondió. Entonces, tienes esposa. No tampoco. Entonces por qué no quieres, dije algo molesta. No es que no quiera, me contestó. Es que no puedo. Estas enfermo, le pregunte de inmediato. No tampoco. Entonces, qué pasa. No pasa nada, dijo, se vistió y se fue. Luego pensé, que para un hombre debe ser dificil no funcionar. Nosotras las mujeres podemos fingir, pero funcionamos más o menos bien. Pero la frustración que le provoca a los hombres debe ser fatal. Eso quise creer.

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