No fue por venganza, fue por placer

Bailando me dio un beso el cual correspondí con mucho deseo. Sus manos no dejaban de acariciar mis ganas y me tocaban con especial sensación. Mi espalda sentía sus deseos y mi falda cada vez se encogia más ante el vendaval de ternuda que me prodigaba. Así que le dije que nos fueramos, pero insistía en quedarse en aquel sitio. Pero el motivo era otro, había una tercera en discordia. Lo comprendí ya tarde. No había nada de que arrepentirse. Lo intente pero no se pudo. Así es, me dije. Antes de la media noche, estaba sentada en la barra de aquella discoteca, cuando un chavo que me había coqueteao antes llego y me dio un hola. Después de una cerveza, me puso sus manos en mis piernas y sentí estallar. No podía esperar. Le tome de la mano y lo lleve por unas escaleras en espiral cada vez más empinadas hasta que la oscuridad del sitio nos cobijara. Al llegar a una puerta y comprobar que estaba cerrada, nos sentimos las ganas a flor de piel. Me di la vuelta para que hiciera su parte. Me penetro como todo un caballero, en silencio y de forma sencilla, sin alardes de macho alfa, ni películas porno. Tampoco había que hacer mucho, si mis deseos estaba destilando por todo mi cuerpo. En menos de lo que esperaba llego el primer orgasmos y gemi con fuerza, pero mi grito fue ahogado por la música del lugar. Me dio la vuelta y continuo, hasta que se vino en un esfuerzo digno de todo un hombre cabal. Nos dimos unos besos, después de todo era obvio que ambos lo gozamos. Cuando bajamos, el otro tipo estaba en la barra, solitario, pues la otra lo había plantado. Al verme, me sonrio. Me pidió una cerveza y me tomo de la mano, como que si nada hubiera pasado. Le acepte la cerveza pero le pedí con determinación que me quitara la mano de mi pierna. Le sonreí y fui cordial, mientras empinaba mi bebida. Entonces me susurro algo al oído y le dije que no. Volvió a insistir, quería irse conmigo. Lo siento le dije, justo cuando llego el otro chico, que me tomo del brazo y me saco de aquel lugar. Hoy no se va poder, joven, le dije, lo mio no es venganza, pero que bien se siente.

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