Mis parejas disparejas

El primero fue Pablo. Un tipo común, bastante aburrido, pero buena persona. Muy noble. Quizás por su nobleza me enrolle con él. Su porte era impresionante. Medía un metro noventa centímetros, pero era obeso. Así que cuando lo hicimos la primera vez, pensé que no podría. Sin embargo me sorprendió tanto su destreza, como sus formas para hacerme feliz. El sexo fue bueno y nunca tuve una queja, siempre me dejo satisfecha.

Luego conocí a Luis. Un atleta, con un cuerpo hermoso. Sus formas eran fascinantes y desde el primer momento fue lo que me atrajo. Cada vez que teníamos relaciones, disfrutaba besando cada parte de su anatomía y con eso me bastaba. El no tenía ningún otro atributo, era pésimo en la cama y a pesar de sus destrezas me dejaba siempre con ganas. Por eso nos dejamos, que no podía vivir con tacos de ojo.

Al final, conocí a Carlos. Un hombre mayor, maduro, con una excelente platica que me cautivo por su erudición, más que por su belleza o performance. Las cosas que decía, la profundidad de sus pensamientos y la racionalidad de su vida me atrajeron y me cautivo. La primera vez que nos acostamos fue algo distinto a todos los demás.  Fue pausado, bastante motivado y por sobre todo cuidadoso de brindarme todo el placer que deseaba. El sexo con él estaba en otro nivel. Era calidad, en lugar de cantidad. La fogosidad se le había terminado, pero la sabiduría y el conocimiento del cuerpo femenino hacían que la experiencia de estar con él valiera la pena.

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