Mis labios

Mis labios pueden contar grandes historias, porque han sido protagonistas de muchas fantasías y realidades.

Los besos siempre son adictivos, pero tus labios son maravillosos, me dijo un tipo, que posteriormente fue con quién aprendí a besar, a sentir y disfrutar estos maravillosos labios que tengo. De esos hombres que disfrutaron con mis labios, tengo gratos recuerdos. Del resto, los mencionó para descubrir la clase de gente que son.

Tuve un novio en la Universidad que no supo comprender lo maravilloso que resulta un beso a boca suelta y un día me dijo que no le gustaban mis labios carnositos y mi boca grande, pues su rostro quedaba con saliva. Y así comenzó el principio del fin.

Pero existió un novio, el peor de todos y a quién más ame por mucho tiempo, no le gustaba que le diera sexo oral, porque decía que mis labios eran puros y vírgenes, un eufemismo para ocultar su desagrado por el sexo oral. Sin saber que mis labios eran expertos en provocar placer. El pobre se lo perdió.

Otro novio a quién no quise tanto, pero lo disfrutaba como nadie, cuando le hacía sexo oral gritaba tanto que mi madre me pidió moderación en mi comportamiento. Su cosa era tan grande y bonita, que mis labios se quedaban pegados a tanto placer. Hasta que nuestra relación se convirtió en una monotonía de chupar y venirse. Pero mientras duro lo disfrute.

Pero fue un tipo desagradable quién me provocó el mayor disgusto a mi corta edad. Un día en el trabajo, me llamo mi jefe a su oficina. Estaba sentado firmando unos papeles. Me dijo que entrará y que cerrara la puerta con llave. Sin más, me llamó y cuando vi, su pantalón estaba abajo y su pene colgando de la silla ejecutiva que usaba.

Quiere que me des una mamada con esos lindos labios, dijo sin inmutarse. No quiero que pierdas el empleo por no satisfacer mis deseos, agrego de forma imperativa. Aquel hombre que consideraba un mentor, se convirtió en escoria en uno segundo.

Me dio mucha satisfacción, cuando por la tarde, arreglaba sus cosas para marcharse. Y cuando mis labios le dieron el adiós definitivo, lo sentí a gloria.

Fue despedido de inmediato el imbécil que quiso usar mis labios con fines espurios.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *