Miedo

Me duche despacio, como queriendo alargar la sensación del agua y la relajación que me provocaba estar bajo la ducha. Al salir me funde el vestido que tanto le gustaba y me puse otros zapatos. La ciudad de noche me provoca pánico. Busqué el restaurante, sin prisa, sin ganas lo confieso, disfrutando la lluvia de un sábado por la noche. Lo encontré en la escaleras de aquel centro comercial. Su sonrisa me sacudió el pecho como un relámpago. Me dio un beso y me dijo que estaba preocupado. Si, lo sé, le conteste, lo siento, el tráfico. Sonrió, me guió al sitio y un mesero nos condujo a una mesa en el salón atestado de gente. Me tomo la mano y me dijo que me amaba, abrió una caja con un anillo y entonces comprendí que estaba lejos, pero tan cerca de él. Lo siento, dije, no puedo. Debo irme ya.

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