Mi señor

A los hombres no les gusta que uno tome la iniciativa en la cama.

Jairo me dijo que él no era así. Pero esa tarde, paso que si.

Su cuerpo era muy frágil, liviano, bastante manejable. Su forma de ser era agradable y su rostro era normal. Ni feo, ni desagradable.

Quién es el que te hace sonreir, me dijo.

Me acoste sobre su cuerpo y mis manos fueron buscando su pene. Estaba erecto, así que con paciencia le fui bajando el pantalón, hasta que encontré un enorme musculo rosado, tiernos y lindo.

Sin que me indujera, lo tome entre mis dos manos, deseaba sentirlo, frotarlo, acariciar esa cosa tan rica. Luego, lo meti en mi boca. Sin contemplación desee tenerno todo adentro, pero era muy largo y me conforme con eso.

Me desnudo, me ve. Lo sigo tocando, me sigue viendo. Sus manos están rigidas en mi cadera. Me subo, le tomo su miembro con mi mano izquierda y me dejo caer sobre él.

Finge placer, pero una vez adentro, mis movimientos y mis deseos lo pulverizan en menos de lo que pensaba.

Volvemos a la normalidad. Me separa las piernas, sumerge sus labios en mi vagina y sus manos tocan mis pechos con fuerza. Golpea mi clítoris con su pene, como reclamando el primer acto y me penetra.

Me hace subir mis pies a la altura de sus hombros y deja caer todo el peso de su cuerpo sobre el mio, acomodando su pene justo al lado de mi clítoris y me vengo, casí instantáneamente.

Sus movimientos bruscos y rapidos me provocna otro orgasmos y lo veo regocijarse en su venganza hasta que se viene y piensa que todo esta bien.

Entonces le llamo mi señor.

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