Mi personal training

Ayer tuve una experiencia distinta. No puedo asegurar que fue una experiencia única, porque a pesar que me la pase bien, tampoco creo que le daría un 10. Todo comenzó cuando me inscribí en un nuevo Gym, cercano a mi trabajo. Me asignaron a un tipo musculoso como instructor. Al principio fui indiferente con él. En realidad no me agrado su forma pero debo confesar que su porte me provoco alguna que otra mirada de reojo.

Al cabo de los días, supe que me podían gustar los hombres musculosos. Y al final de la semana me motivaba verlo. Bueno, en realidad no sé aún, si eso se convirtió en una debilidad o una obsesión.  Lo cierto es que, ese hombre se convirtió en mi fantasía hecha realidad. Hoy es mi personal training.

El otro día me lo llevé a La Antigua. Antes, pasamos a un autohotel de esos que abundan en la ruta. Supe que el clímax lo tenía garantizado al sólo tocarlo. Me acuerdo la primera vez que me toco, estaba en un aparato cuando de repente sentí esos brazos fuetes y grandes por detrás y me dijo, debes enderezar la cadera para no lastimarte. La temperatura me fue subiendo de tal manera que la siguiente vez que me tomo entre sus brazos, estaba completamente desnuda.

Siempre había pensado que los hombres musculosos, esos que toman hormonas, padecen de disfunción, o el principal músculo se les encoge tanto, que la desproporción es patética. Pero con él me había equivocado, afortunadamente.

Cuando se está con alguien así, puedes sentir muchas emociones al descubrir su torso, quebrado por el ejercicio, moldeado por la figura y sensible por tus uñas. Te das cuenta de la fuerza de su ser y desde adentro te imaginas la fuerza de su deseo. No puedo describir la forma como te aprisiona el cuerpo, pero si te podrás imaginar el placer que me provocó el sólo hecho de tenerlo así. Lo que más me encendía era escuchar que le gustaba todo lo que hacía, ver su satisfacción sirvió de fuerza para la mía, fue ahí en donde la sensación de placer comenzó a aumentar poco a poco hasta llegar a la cumbre, al finalizar los dos quedamos satisfechos y nos acostamos abrazados para recuperarnos, jamás olvidare ese momento de haber llegado al clímax y finalizarlo entre sus brazos y su pecho, y poder sentir su calor, aroma y el sabor de sus labios.

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