Mi nuevo novio y la pelea en el taxi

cedeDespués de muchos desencuentros, Claudia mi mejor amiga, quién sabía todo el rollo con Steve desde el principio, se empeño por que saliera y conociera a otros. Así me hice novio de un amigo de ella. Lleva más o menos un mes de vernos y estar juntos cuando decidí que lo mejor era formalizar con él. Nos juntamos con el grupo de amigos para salir y hacer oficial nuestro rollo. Vamos a comer algo, dijo alguien y luego a bailar a la Antigua. Yo estaba contenta de volver a esa vida más relajada, sin complicaciones amorosas y compartir con viejos amigos y amigas a quienes había abandonado.
Después de cenar llego la lluvia, así que nos refugiamos en un bar de la zona 10, dónde tocaba un grupo, que no recuerdo el nombre, pero hacia cover de Joaquín Sabina y ese tipo de música.
Era temprano y no había mucha gente cuando el grupo comenzó a tocar. Todos coreamos las canciones y me recordé la forma en que conocía a Steve. Era una constante en mis pensamientos. Pedro Pablo, el chico con quién salía se empeñaba por hacerme pasar una noche agradable. Cuando termino la primera ronda pusieron música bailable y de pronto todos se fueron. Vamos, me dijo. No, quédate aquí conmigo y bésame, le dije. Después me anime un poco, el lugar se había llenado y me puse también a bailar con los demás.
Luego volvió el grupo y todos retomaron a sus mesas. Todo estaba muy animado, incluso yo. Pero fue cuando recibí un mensaje de Steve. Claudia que me conoce bien, me tomo del brazo y me dijo que no contestará. Si lo haces te dejo de hablar, me amenazo. Lo siento, le dije. Y vi el mensaje: ¿Dónde estás?, me ponía. Respire profundo, mire a Claudia y sentí lastima por Pedro Pablo. Entonces respondí. En tal bar, por qué?. Ahora llego, me puso.
Claudia me llevo al baño y me dio una madreada. Eras una mula. Y ahora que vas hacer, si Pedro Pablo está aquí y no se merece eso que le haces. Yo solo la escuchaba. No dije nada, pues tenía toda la razón. No podía objetar nada. Me calle, porque era mi amiga y por qué estaba haciéndome el bien.
Al regresar con todos entro Steve. Al verme me hizo señas pero yo le dije que llegará. Entonces se apareció y me dio un beso, a Claudia ni la voltio a ver y al resto le dio un hola general. Mira, le dije, te quiero presentar a mi novio, Pedro Pablo. El le extendió la mano, muy educadamente. El otro se la dio y entonces me dijo, mira por qué no vamos hablar afuera, necesito que te vengas conmigo.
Entonces de inmediato me levante, pasa algo, le dije. Claudia me tomo del brazo y yo le dije a Pedro Pablo que regresaba. Afuera Steve me gritaba que me apurará, había parado un taxi y quería que me fuera con él. Yo me frené y le dije que no iba a ninguna parte. Entonces regreso y me dijo que por favor subiera al vehículo. Claudia y Pedro Pablo estaban atrás. Yo solo les dije que ya regresaba.
No sé por qué, Steve tenía un gran poder sobre mí. Había dejado a mi novio parqueado con mi amiga y yo huía en un taxi con un destino incierto y por motivos aún más confusos. Tenía casi dos meses de no saber nada de Steve y justo ese día, que presentaba mi nueva relación a mis amigos se aparecía de la nada y me secuestraba. Así era su poder.
Apúrate, me grito. Y tú que putas, le reclame. Te desapareces y luego quieres que me vaya contigo así por así. Perdona, me dijo, pero es que me haces falta. Yo me comencé a reír. Claro, lo que hace falta es tu cogida. El taxista nos miraba por el retrovisor. No es cierto, yo te quiero mucho, y lo sabes, dijo repitiendo las palabras que algunas vez había dicho, pero sin convencer a nadie.
Crees que soy tonta, le dije, seguro andas caliente y por eso me buscar. Entonces se puso furioso. Si estoy caliente, y vos me vas a quitar la calentura, me dijo. Saco su pene y me jalo para que se lo chupara. El taxista paro el vehículo. Y usted que putas, qué mira cerote, le dije. Yo solo quiero que me digan a dónde los llevo, y si van a coger aquí, le voy a cobrar Q200 extras, agrego.
Pues si me lo cojo aquí, le pago. No se preocupe, dije. Pero por mentiroso no lo haré, agregue ahora viendo a Steve. Y por qué mentiroso. No te he mentido, nena. Esa expresión torno la situación más relajada y entonces le dije al taxista la dirección de mi casa. Steve entonces me abrazo. Mira nena, disculpa, pero quería verte y solo ahora pude.
Subimos a mi apartamento y me hizo el amor, como siempre, hasta la extenuación. Mientras yo gritaba de placer, por la reconciliación, el pobre Pedro Pablo me llamaba constantemente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *