Mi esposo no me comprende

yuyuMientras acariciaba mis piernas rígidas de placer, yo gemía como gata en celo. Eres un amor, me dijo al oído. Entonces presione su cuerpo para que bajara directamente a mi zona de explosividad. Su lengua comenzó a lamer lentamente mi clítoris. Fue poco a poco, y yo que ya estaba excitada, comencé a sentirme tan bien que brote sin remedio. Sin opciones para avisar, me había enloquecido y estaba en el punto exacto donde exploté sin remedio.

Un poco avergonzada por el contratiempo, me levante al baño, me lave y regrese con toallas para secar un poco, una nueva sabana y muchas más ganas. Mi marido, se levanto también al baño. No dijo nada, se sintió intimidado, en lugar de sentirse bien y reconfortado de lo que le había provocado a su esposa.

Al regresar le dije: “querido relájate, me dejaste sin aliento”.

Todo esto fue gracias la Dra Angelica, nuestra terapeuta, quién nos ayudo mucho para que dejara de fingir. A mi marido le cuesta aceptar que ahora no tengo límites. Su mentalidad machista y puritana asocia mis ganas y deseos a que ando con otra persona y soy una puta descocida. Pobre estúpido.

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