Mi especial amigo con derecho

El siempre tenía exigencias y yo siempre intente complacer todo lo que me pedía. Era una especie de pacto consensuado. A fin de cuentas, él también me consentia y nunca hice cosas ue no quisiera. Eso le daba sustento a nuestra relación, que no era más que una relación de amistad, con sexo.

Con él aprendí, por ejemplo, a mover mi vagina cuando el había terminado y aún estaba adentro, impidiendo que no perdiera la erección y pudiera continuar. También aprendí a tocar su pene con delicado y rudo trato, hasta que su semen escurria entre mis dedos en una especie de ritual de adaptación a las circunstancias y lugares.

Siempre me dijo que le encantaba que lo complaciera en todo. Yo nunca se lo dije. Pero estaba explícito que era obvio que la pasaba bien a su lado. Hasta que un día llego con una propuesta indecente. Me propuso una noviazgo en toda regla. Creo que me enamoré nena, dijo entre sollozos y vos entrecortada.

No te rías, me dijo bastante enojado. Es que no puedo evitarlo, conteste, agregando que su propuesta me parecía bastante indecente. Pero fue insistente y me amenazó, tienes que complacerme, de lo contrario no sé de qué soy capaz.

Lo siento, le dije, pero tengo novio y lo amo. No quiero que este arrebato cursi que tienes ahora, termine con nuestra amistad de años, le conteste bastante molesta. Pero no dejaré a mi novio por andar contigo. Ahora solo necesitamos calmarnos y continuar con lo propio.

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