Me confieso

seduccion-2-300x187A lo largo de mi corta vida, han existido tres Robertos, y otros tantos nombres que ahora ni recuerdo. Unos me han querido bien, y ha sido una lástima pues a la mayoría nunca los ame.

Otros tanto, pocos, no me han querido nada. Solo me usaron. Pero entre los buenos y los malos, siempre preferí a los últimos.

Por ejemplo, Roberto C, consumía tanta droga que su vida la dedicaba a conseguir la siguiente dosis. Eres un buen polvo, me dijo una vez, pero prefiero el porro.

Roberto T, un simpático hijo de papi con mucho dinero y un futuro brillante, se emborrachaba hasta lograr el coma etílico, murió de lo que mueren todos los adictos.

En fin, tuve el privilegio de estar con Roberto G, un tipo que me hizo reír como jamás nadie lo había logrado. Pero que era un maniático obsesivo con las mujeres, y yo siempre fui la sustituta, por no decir la puta. Ha sido el único hombre a quién le lloré al oído para que no me dejará.

Los hombres de mi vida han sido locos imprevisibles. Y con todos me emborraché mientras disfrutaban mi cuerpo.

Tengo que corregir por qué se me escapa uno, a quién no pude sobornar con alcohol.

Uno que quería ser santo, luchando por alcanzar el cielo de su templo. El muy creyente prefirió perderse entre los recovecos de su fe que extraviarse entre mis piernas.

En fin, todos sin excepción dan fe de mi trepidante vida.

 

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