Malditos celos

condoCon quién vas a usar esa caja de condones que andas en el carro, le pregunte.
– Zorra, me dijo. No se te pasa nada. Con quién crees. Tengo un macho que me pide pene, dijo en son de burla. Así le dije. Va.
– Ahí te quiero ver.
Y así quedo. En la noche, salimos a cenar y de regreso pase por la cuarta avenida y pare justo con un travesti en la esquina. Era alto, gordito igual que Steve y nada feo. Ven, lo llame y se extraño. No mamita, no me salo, dijo despreciándome. No cielo, le respondí, que es para mi esposo, quien quiere cogerte, cuanto me cobras. Entonces se dio la vuelta y regreso muy amable, por ser ustedes les cobro Q500 dijo, pero incluyo de todo. Oral, anal y poses, dijo con una voz ronca fingida de sexy.
Steve estaba muerto de la risa.
Vamos le dije, súbete. Steve no lo podía creer. Cómo putas, yo no me lo agarro, dijo.
El travesti se subió en el asiento trasero y me dijo que le pagará.
A ver le dije, quiero verte la verga. Entonces, abrió sus enormes piernas y entre tanto trapo que llevaba saco su pene, pequeño y delgadito. Esta tan escondido y encogido que por más que encendí la luz del vehículo no se podía ver bien. Me metí en un motel y salimos los tres del carro.
Steve a regañadientes me increpaba, qué putas haces. Tu entra al cuarto, le dije, mientras pagaba el motel. Son tres, dijo la encargada, no pueden entrar. Entonces saque otro billete de 100 y le dije que era su propina, entonces abrió.
El travesti me pidió el dinero de nuevo. Te doy la mitad, pues tú harás de todo y músico pagado no toca bien, dije.
Steve se acomodo, viéndome interactuar con aquel engendro de hombre. A ti se te para le dije. Claro nena, pero no contigo. Si no tú esposo. Dale entonces, le dije. Steve se levanto rápido y lo maltrato.
– Deja gordo, que te mame la verga, le dije.
– Uy que es eso, una dama hablando así, contesto el travesti.
Entonces, le dije que se parara el pene. Y como pudo se puso erecto. Saque de mi bolsa la caja de preservativos y se los lance a Steve. Ponte uno y lo penetras. Vamos, le dije ya fuerte. Entonces le baje el pantalón, mientras el travesti se ponía en cuatro y yo le ordenaba que mantuviera la erección. Steve estaba enojado. Vamos, te lo vas a coger. Le puse el preservativo y lo empuje. No, No quiero. Verdad cerote que esos preservativos eran para las perras con quién andas.

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