Los amigos se actualizan, las normas no cambian

Carlos, un amigo de la infancia, novio de una de mis hermanas, me mando una solicitud en facebook después de 15 años sin vernos. Lo acepte de inmediato y le conté a mi hermana.

Un día, después de platicar casi todas las noches me invito a salir. Ese día dimos vueltas en la ciudad sin saber a dónde ir. Terminamos comiendo dobladas en un centro comercial y luego nos metimos al cine.

Después de dos meses volvimos a salir, con la excusa de comer pupusas. En esa ocasión nos besamos. Y debo reconocer, sus besos me cautivaron. Fueron intensos, llenos de energía y gozo. Lo que provoco que me invitara de nuevo, ahora para tomar cerveza, en una de esas noches de lluvia y soledad.

Para no hacer largo el asunto, esa noche tuvo su magia y su chiste. Después de comer y tomar unas cuantas micheladas, ya camino a casa, le sugerí que nos metiéramos a un motel. Fue chistoso, pues quería pero no se metía. Después de pasar por varios moteles en el camino le pregunte, algo contrariada si quería.

Claro loquita, me dijo, claro que quiero. Entonces, dije, cual es el problema. El problema, me contesto, que esos son muy caros y no creo que me alcance. Me dio mucha gracia su angustia. Y nos reímos mucho. Al final terminamos en mi casa. El alcohol y la pasión se paso, y lo mejor era terminar con una taza de café y un cigarrillo.

Después de dos semanas me invitó para que conociera su apartamento. Tenía un huerto casero que me quería mostrar, ya que le había regalado unas semillas de remolacha anaranjada del Canadá meses atrás.

Así que un sábado por la tarde me presente, con una bolsa de boquitas y unas cubatas. En fin, esa noche tuvimos sexo.  Y eso despertó mi pasión. Fue sensacional. Una cosa que ahora mismo puedo recordar con tanto detalle, pues me provoco más allá del típico orgasmo lujurioso.

Y lo mejor fue que tuvo un final feliz. Ambos creíamos y así lo manifestamos que lo mejor era que siguiéramos siendo amigos. Cosa extraña, pues teníamos 3 meses de salir. Sabes, le dije, no quiero que te enamores de mí. Se me quedo viendo fijamente y me contesto: no lo haré.

Sin mucho más que decir, agregue: esto no significa que tenemos una relación, le recalque. Seguimos siendo amigos, pregunto. Claro tontito, esto es lo que te estoy diciendo. Nuestra amistad no cambia.

Pero resulta que el sexo nos gusto a los dos. Así que continuamos en ese mismo plano. Después de un año manteniendo una relación de amigos con derechos, sentí que algo en mi estaba cambiando. Carlos me hacia muchas cosas en la cama y poco a poco había pasado del orgasmo simple a una sensación de compenetración total.

Pero estaba claro que era solo eso. Al principio, cuando terminaba todo, quería salir corriendo de su apartamento. No quería permanecer más tiempo ahí. Así que tomaba mis cosas y me iba. Igual le pasaba a él. Yo sentía que me echaba, lo cual no me disgustaba.

Pero después, su ausencia me provocaba un vacío enorme. Y cuando él no estaba quería saber de él, que me llamará, que me necesitará. Pero yo había puestos las reglas. Y me daba cólera.

El durante ese tiempo tuvo una novia, de la cual me hablaba bien. Yo había salido con otra persona, pero nada era lo mismo. Mi carne necesitaba esa adrenalina que solo Carlos me provocaba.

Una tarde le confesé a mi hermana que salía con su ex novio.  Pero además le dije que lo amaba. Entonces me advirtió que era un don Juan, que me dejaría mal.

Pero ya era tarde para esa advertencia. Carlos ya tenía otra amiga con quién intimar.

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