Las uva de la cena

Llegó de improviso y de inmediato me susurro al oído cosas lindas. Después de unos besos tiernos y serenos, la bestia se desato y me desnudó en un instante.

En la mesa había uvas, queso y champan. El tomo un uva verde, la mordió y la deslizó por mi cuerpo hasta llegar al pezon. Luego chupo el néctar y con su lengua me invadio el ombligo y el jugo de uva se escurrio en mi clítoris hasta que estallé de placer.

Mis piernas se posaron sobre aquel viejo sillón, regalo de mi padre cuando me independice, y el penetro mi alma con ternura y desasosiego. Mis uñas se clavaron en sus nalgas super bien formadas por el ejercicio y un gemido lo delato cuando se vino.

Afortunadamente tenía más uvas y nos deleitamos toda la noche con ricos sabores naturales.

 

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