Las fantasías

Me giré y lo besé. Se sintió correspondido y entonces juguetió con mi lengua, como un juego del gato y del rato que lo encendio y su pene se fue poniendo erecto al cabo de un tiempo. Lo pude sentir en mis piernas, a pesar de la lona que andaba. Me tomo por la cintura y me alzó con fuerza hasta que mis manos fueron llevadas al mismo nivel de su altura. Eres algo especial, me dijo, mientras mis zapatos calleron al suelo y entonces supe que todo era cuestión de tiempo.

Cuando comenzó a masturbarme, metiendo su mano por debajo de mi pantalón, mis deseos se fueron incrementando y sus besos ya no eran mi prioridad. Esos gemidos tan altos y ruidosos que tengo, no eran los adecuados para el sitio en donde nos encontrábamos. Una mujer, atenta y curiosa, nos observa, le dije. El se volvió loco y sus dedos más, lo que me provoco un placer indescriptible.

Miré a mi alrededor y la mujer continuaba mirándonos. Quería que me penetrará, quería darle la oportunidad para que nos viera interactuando a los dos en aquel antro. Me separo las nalgas, me bajo más el pantalón y sus dedos entraron por atrás y por delante en una cruzada sin freno, mientras mis manos descubrían su miembro erecto.

Mientras la mujer se puso de pie, yo comencé a darle una mamada. Todo iba bien hasta que sentí unas manos tiernas, calientes y diferentes acariciar mis gluteos. La miré a los ojos y el nos juntos. Ella metio sus dedos en mi vagina, el su pene en mi boca y ambos encontraron el placer en mi cuerpo.

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