La verguenza

Me sucedió el último año de colegio. En una excursión al Irtra, nos alojaron a las mujeres en el segundo nivel del hostal y a los hombres abajo para que no pasara nada, según los maestros.

En la madrugada, Javier y Pedro llegaron a nuestro cuarto. Yeny les abrió la puerta, yo estaba medio dormida pero el ruido y la molestadora terminaron por despertarme. Llevaban una botella de ron, coca cola, hielo y algo de hierba. Nos la tomamos tan rápido que Yeny se enrollo con  Javier con total descaro mientras Pedro sugirió bajar a su cuarto para dejarlos en paz.

Así lo hicimos, yo había tomado algo, pero estaba bien. Pedro no tanto y solo entro al cuarto se tumbo en la cama y se quedo dormido. Estuve esperando un rato sin hacer nada, esperando que Javier llegara. Pero el cansancio me consumió y me quede dormida.

Desperté desorientada, la claridad del día traspasaba las gruesas cortinas de la habitación y en la otra cama estaba Pedro, que no reaccionaba a mi alboroto. Así que como pude busque mis sandalias y fui al baño aún aturdida con la intensión de subir a mi cuarto.

Afuera todo el colegio se juntaba en el patio, justo en la puerta de la habitación de Pedro y Javier. Yo estaba sin darme cuenta que pasaba en el exterior. Entonces abrí la puerta y mi sorpresa fue mayúscula, pues tenía a todos los compañeros frente a mí.

Por un instante, la vergüenza recorrió mi piel, erizándose como una gallina y generando esos escalofríos que, en forma de serpiente de cascabel, hacen que el alma se encoja y el cuerpo se petrifique. No dije nada, pero tampoco pude hacer nada. No valía la pena decir algo, todos se imaginaron el resto.

Mi maestra se dio cuenta del embrollo en que estaba y con un grito quiso solucionar el asunto: ¡Apúrate Pam¡ como que si nada hubiera pasado. Solo entonces pude salir corriendo muerta de vergüenza, mientras Yeny y Javier observaban la escena desde arriba muertos de la risa.

Por un momento, las imágenes de aquel bonito lugar me regresaron a la mente, ahora que, en plena fiesta navideña en el convivio de la empresa en que trabajo, mi jefe me ha llevado atrás del local, alejados del ruido y en confianza me ha contado que vienen despidos y cierres de locales para el próximo año. Algo cercanos, trato de darle consejos, mientras el me toma mi mano y se muestra cariñoso y comprensivo.

Atrás nuestros, los compañeros de la oficina se dan cuenta de la escena y comienzan a murmurar, al observar de lejos nuestra cercanía. Algunos cuchuchean sin recato mi descaro, otros se muestran sorprendidos, pensando igual que aquel día, que soy la más puta de todas.

 

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