La verdadera historia del zaguán

hot 90_thumb[8]Mi abuelo paterno construyo la casa en que vivimos. Mi padre por ser hijo único la heredo y ahí hemos vivido toda la vida. Mis hermanos y hermanas disfrutamos la casa, pues por el espacio y la distribución que se hizo quedo un espacio largo, angosto y oscuro de entrada y a eso le llamamos el zaguán.

Ahí guarda el carro mi padre por las noches, ahí juegan fútbol mis hermanos en el día, y ahí comenzó mi vida sexual, la de mis hermanas y creo que también la de mis padres.

La primera vez que tuve novio oficial, fue ahí donde noche tras noche me besaban interminablemente, hasta que mi madre con u n grito me entraba a casa. Yo llegaba ardiendo en deseos y por mi hermana aprendía a masturbarme después de esos besos.

En ese período de incipiente adolescencia, esas vivencias eran algo atrevido. Ahí fue donde descubrí por primera vez que los besos hacían que mi novio se le endureciera el pene. Lo sentía a medida que sus besos se hacían más ardientes. Pero nunca me atrevía a tocar nada, y el tampoco.

Así que las cosas se terminaron para siempre y de ese primer amor solo conservo ese bonito recuerdo. Mi padre nunca supo, o tal vez fingía desconocer lo que ahí hacían sus hijos. Mi hermana fue la más descarada de todos. El tenía la percepción justa del tiempo, así que cuando alguien se tardaba más tiempo, mi madre de un grito nos entraba.

Después vinieron otros novios que conocieron el zaguán. Ahí, sentada sobre una piedra, realice mi primer contacto con el sexo oral. En esa ocasión todo sucedió muy rápido, así que cuando escuche el grito de mi madre, ordenando mi entrada, mi novio en ese momento termino en mi boca.

Entre a casa tan turbada que se metí en el baño a lavarme los dientes y la boca de forma obsesiva. No quería salir, tenía miedo que mi madre se diera cuenta. Yo sentía el olor a sexo y semen, me sentía pegajosa, pero no podía bañarme, eso me delataría.

Los martes, jueves y viernes era mi turno en el zaguán. Mis hermanas mayores salían de fiesta los jueves y viernes casi siempre. Mis hermanos jugaban fútbol, así que me quedaba sola en casa con mi novio. Y mientras mi madre miraba sus novelas y mi padre dormía, yo hacía el amor ahí, en ese zaguán.

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