La urgencia del juez de turno

Nos besamos más de una vez, pero nunca cogimos, su mayor atrevimiento fué escribirme una frase caliente en el cuaderno y un dibujito obsceno que guardé no sé cuánto tiempo.
me llamó para contarme que lo acababan de hacer juez, nos juntamos en el parque central donde me contó que tenía ya tiempo de haberse trasladado al pueblito donde ejercería como juez, sonrisas, besitos, abrazos y contarnos todo lo que se puede contar entre amigos que no se han visto por mucho tiempo. Terminamos hablando de las veces en que había metido sus manos dentro de mi cuerpo, escondidos en la esquina del apretado salón de clases y cómo había guardado esas ganas de tenerme, su sueño y el mío.
sabíamos que ya éramos mayores y que los años nos habían preparado mejor para llevar a la práctica esto, ya no éramos niños metiéndose mano. le propuse que lo hiciéramos realidad, “vos querés, yo también”, dudó un segundo, luego comenzamos a caminar de la mano, riéndonos en la calle, pasamos a la farmacia a comprar un paquete de condones y en un arranque, pedimos también lubricante y nos fuimos, pero para el juzgado, una emergencia de nuevo.

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